Crítica, Imperial Triumphant “Alphaville” (2020), Century Media.

Áurica portada

Es de todo menos aburrido hacer la crítica de un grupo así, un reto de los de verdad. Y es que IMPERIAL TRIUMPHANT es incalificable; después de no sé cuantas escuchas aún dudo cómo catalogarlos. En ocasiones me recuerdan a bandas descontroladas del grindcore técnico y en otras se aproximan al postdoom europeo. Black metal experimental o vanguardista sería lo más cercano, pero tampoco define perfectamente tal cantidad de matices y estilos. Yo lo llamaría Metal ecléctico, si es que los dioses me permitieran tan pedante y oportunista palabro.

Pero dejémonos de clasificaciones superfluas y vayamos al meollo del asunto. Estamos ante su cuarto larga duración desde el álbum debut “Abominamentum” (2012). Por lo visto no les ha ido del todo mal porque, para este trabajo, han tenido ni más ni menos que el respaldo de un gran sello, Century Media.

Sin haber visto ninguna reseña de sus trabajos, anticipo que este “Alphaville” será objeto de tantos epítetos detractores como de halagadoras y desmedidas opiniones. Bajo mi criterio, lo explicaré, no es ni lo uno ni lo otro. Sí hay que avisar que no se trata de una obra apta para oídos inexpertos o que vengan del metal extremo más clásico “comercial”; y aún no siendo el caso, también su disfrute irá marcado por el propio estado de ánimo del escuchante. Es de esos discos que no recomiendo poner en el coche bajo ningún concepto.

El primer tema “Rotted Futures” ya tiene su miga y anticipa en parte lo que viene. La producción es densa, siempre con cierta atmósfera postmetal pero sin llegar a sonar industrial-. Posee sobre todo, lo que caracteriza y marcará el transcurrir del álbum: el brutal trabajo de percusión y bajo; esto unido a la sucia distorsión de guitarras-voz, a las múltiples armonías, y las partes disonantes, acercan su sonido a un caos controlado. Un trabajo jazzístico que dudo puedan llevar a cabo en directo de la misma manera dos veces. Imaginaos el híbrido que surgiría entre Mayhem, The Dilliger Escape Plan y Year of no Light;  pues eso, todo un buen viaje de opio para empezar.

La pista que más me pone es “Excelsior”. Arranca con una vertiginosa base jazz (un repiqueteante bajo echando humo) tras la cual viene un convencional y rápido blastbeat. Tema tan cañero como oscuro que, en una escucha despreocupada, puede parecer un caos pero que es todo un trabajazo instrumental. Aquí como en casi la totalidad de las pistas nos veremos acompañados de sonidos ambientales -intros, outros- singulares y variados. Exceptuando las dos versiones, con casi 6 minutos este el título más corto -y digerible-.

La tercera canción “City Swine” comienza con partes disonantes a lo doom progresivo (piano incluido) que recuerdan a los suecos Opeth; para, a mitad de tema, meter todo un taiko japonés y acabar con tralla noise. Es una completa locura de creación pero no tanto como la siguiente pista, “Atomic Age”; título que, para comenzar, nos trastorna  con un jodido cuarteto vocal tipo años cuarenta (sí, habéis leído bien). En los 8 minutos largos que cuenta, les da tiempo a incluir entre una base de ritmos técnicos, desde voces arabescas hasta gruñidos cacofónicos pedalizados. Por si fuera poco, nos despide con unos redobles marciales, muy oportunos si es que queremos marchar en busca de nuestra cordura. Sinceramente, llegados a este punto, te planteas si mandarlos a tomar por saco o seguir con curiosidad indagando qué depararán los siguientes temas; y yo soy curioso por naturaleza.

Continuando la paranoia conceptual, “Transmission To Mercury” nos transporta durante unos minutos a una novela negra, con el piano y trombón característicos de un club “Jazz and Beer” de Chicago. El tema más singular e inefable hasta ahora, y eso es mucho decir creedme.

Llegados al tema que da título al disco ya esperamos cualquier cosa; ojo, el no saber a qué atenerse es un punto positivo en la escena underground actual. Pues “Alphaville” es la exhibición de eso, de la técnica del caos.Comienza con una intro muy Nu metal que recuerda a las nenazas de Korn en sus tiempos álgidos. Y después un rítmico medio tiempo -en la onda primeros Morbid Angel– , mezclan de nuevo metal progresivo con coros teatrales, todo ello entre punteos de guitarra. Ocho minutazos de entretenida música para consumo inmediato. Aquí admito que tuve que parar; me pegué un baile goregrinder escuchando Gutalax para desentumecer tanto piernas como oídos.

“The Greater Good” parece casi un -muy logrado- interludio cinematográfico, con esas originales desarmonías donde destaca recurrentemente la pista de bajo. No sé por qué, pero escuchándolo me viene a la cabeza aquel raro trabajo conceptual de Diabolical masquerade, “Death’s Design” (2001).

Y después de tanta y tanta entropía musical, dos versiones. Una adaptación cavernosa, densa y gutural del clásico de Voivod “Experiment”, totalmente reconocible; de hecho suena tan pesada que me gusta mucho más que la original.  La otra versión es una bazofia incomestible basada en, los ya de por sí idos de la olla, The residents. 

Todo esto nos ofrece IMPERIAL TRiUMPHAL con “Alphaville”.  Para muchos, me temo, serán grupo de una sola escucha; que sólo los músicos del palo -o la gente muy metida en este universo vanguardista de fusión extrema- podrá saborear de verdad. Además la desmarañada (seguro que voluntaria) producción, sumada a unos temas muy largos, no ayudan y puede alejarlos de su disfrute; también la distorsión de la voz de Ilya (que recuerda a Attila Shihar ) puede llegar a resultar monótona en un disco de casi una hora, un poquito más de gradación no hubiera venido mal.

Por mi parte respeto a las formaciones que, como estos estadounidenses, hacen lo que les sale de ahí, sin complejo alguno. Son estupendos músicos con ideas personalísimas pero cuya trascendencia, por desgracia, no irá más allá de círculos reducidos por mucha promo que Century Media les haga. Yo, que los he disfrutado tanto como los he sufrido, les pongo la nota de aprobado sin dudarlo.

 

IMPERIAL TRIUMPHANT son:

Kenny Grohowski – batería

Ilya – voces, guitarra

Steve Blanco – bajo, piano y teclado

http://www.imperial-triumphant.com/

 

 

 

 

 

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