Lovecraft y el horror cósmico: 130 años de su nacimiento

El nombre de H.P. Lovecraft retumba en gran parte de la cultura contemporánea. Hayas o no leído al escritor de Providence, sin duda te has encontrado con la influencia de este hombre. Series de televisión, películas, música, videojuegos, dibujos animados e incluso juguetes han retomado el legado de su literatura, la cual ha quedado impregnada dentro del imaginario colectivo. Como ejemplo de esto, podemos ver a Cthulhu, quizá el “monstruo” más célebre de la mitología lovecratiana, en su versión Hello Kitty o en diferentes presentaciones banalizadas que difieren mucho del contexto y significado de este arcano dios. Paradójicamente, Lovecraft también es desconocido por muchos otros, ya que la herencia y propuesta del escritor va mucho más allá de unos simples tentáculos, memes de Cthulhu o imágenes decorativas. Por consiguiente, para hablar de él hay que ir más allá de las respuestas evidentes y escarbar un poco.

Este escritor americano, sin duda uno de los mayores exponentes del terror, se desenvolvió en una época turbulenta. Debemos recordar que el inicio de un período siempre acarrea nuevas transformaciones que remueven la realidad del hombre. El surgimiento del siglo XX trajo consigo el derrumbe de viejos paradigmas y la formulación de nuevas preguntas sobre el significado del ser humano y el mundo en el que está inserto. Como ejemplo, podemos exponer la teoría de la relatividad, las teorías de Freud, diversos avances científicos y tecnológicos, una guerra mundial que modificó el contexto global. Lo que se impuso como verdad se desmoronó, el ser replanteó su lugar y su entendimiento. Desconocidos miedos se revelaron; la humanidad vislumbró insólitas atrocidades.

Todo esto influyó en la literatura. El género del horror mutó en algo que fue más allá de las historias de fantasmas, vampiros y hombres lobos: “El muerto –tanto el burdo cadáver ensangrentado del Romanticismo como el tenue hálito sobrenatural de la época Victoriana– había dejado de dar miedo a pesar de todas las apoyaturas filosóficas y demás ardides concebidos para darle verosimilitud. Pero el muerto se moría a pasos agigantados, y se moría de tedio” (Rafael Llopis, Historia de los cuentos de los cuentos de miedo, p. 156). Así, se puede entender que la literatura de miedo que imperó durante las épocas mencionadas, la gótica y la Ghost Story, se volvió monótona; el castillo se caía a pedazos y los muertos agonizaban. La necesidad de nuevas historias aterradoras surgió, su búsqueda fue más allá de lo conocido por el hombre, la senda se abrió hasta llegar lo primigenio y los miedos arquetípicos: “La emoción más antigua y más intensa es el miedo, y el miedo más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido” (H. P. Lovecraft, El horror sobrenatural en la literatura).

Desde este punto de vista, se puede exponer que el nuevo cuento de terror llegó hasta el miedo más profundo de la humanidad cuando la razón se sumerje en una neblina; no era posible explicarse la realidad ni discernir lo que se presentaba ante nuestros sentidos. Como resultado de esto, lo arcano sustituyó al fantasma y nació el cuento materialista de terror, en el que:

El miedo tenía que apoyarse en la filosofía y en la ciencia para resultar verosímil. Lo sobrenatural, como explicación cada vez convencía menos. Los elementos terroríficos del cuento de miedo tuvieron que apoyarse en nuevas hipótesis científicas, en la cuarta dimensión, en la existencia de, en la existencia de civilizaciones prehumanas, en la suposición de secretos científicos hoy perdidos por nuestro saber mecanicista. De este modo, los mutadores del cuento de miedo, con Machen a la cabeza, emprendieron la magna tarea de reelaborar mitos antiguos en un nuevo sentido materialista […] cuya cima va a ser Lovecraft y cuya desembocadura será la ciencia ficción. (Llopis, Historia de los cuentos de miedo, p. 158.)

El cambio en el cuento de miedo es un camino en dos direcciones, por decirlo de alguna manera, pues lo avances en la ciencia y el pensamiento dieron nuevos argumentos para cuestionar lo primordial y lo que antecede al ser humano. La identificación de aquellos mitos, deidades, cultos y saberes arcanos no tiene que ver con la magia, sino con una ciencia o fenómenos que obedecen a una realidad distinta y lejana de la del hombre: “Por debajo de los terrores más superficiales y banales, descubrieron nuevos mundos –viejísimos mundos– de caos y horror. Igual que la razón crecía también hacia las profundidades […] retrocedieron a épocas primitivas, prehistóricas, pre-humanas, a épocas de obscuridad primigenia, de caos, de vagas formas protoplasmáticas del despertar del mundo. La arcaica capa geológica vino a simbolizar un estrato primitivo de la mente. Los terrores más antiguos de la humanidad resucitaron, como arte nuevo, al quedar liberados por el avance en profundidad de la razón (Rafale Llopis, Los mitos de Cthulhu, p. 9).

Sobre estas bases, el maestro de Providence erige su obra y su filosofía, la cual es un camino lleno de mitos y momentos de replanteamiento. Asimismo, nutrió sus horrores arquetípicos de autores como: Arhur Machen, Algernorn Blackwood, William Hope Hodgson y Robert W. Chambers, todos escritores del cuento materialista de terror.     También conocido como horror cósmico, para este género el mayor miedo está enterrado en la inmensidad de distantes tiempos, en lugares donde jamás nadie ha irrumpido, en un caos en cual la razón se hunde y en aquellos cultos ignotos para el hombre moderno y “civilizado”. Las puertas más espantosas e incompresibles se abrieron un poco ante el avance del pensamiento y la conquista de nuevas técnicas.

Es conocido por casi todos que la madre de Lovecraft lo encerró desde que era pequeño y que su contacto con el mundo exterior fue casi nulo, lo cual lo llevó a perderse en la gran biblioteca de su abuelo; su realidad se construyó con base en el diálogo con los libros. Desde entonces, fue formando un carácter crítico y analítico. No sólo soñaba con las más insólitas fantasías, sino también forjaba su razonamiento sobre bases científicas y deductivas. Lovecraft no era un nigromante ni una especie de mago, esto ha sido una falsa y errónea exposición de su imagen.

La obra del autor puede ser dividida en tres partes: etapa gótica, etapa onírica y la etapa realista que comprende los mitos de Cthulhu y las narraciones de Nueva Inglaterra. En el primer periodo encontramos a un Lovecraft muy joven que plasmó un terror macabro y muy cercano a Poe; en el segundo, el escritor creó mundos terribles y de ensueño, sus pesadillas se conjuntaron con la influencia de Lord Dunsany. En esta período comenzó a existir una transición a lo que se convirtió en los mitos de Cthulhu. En la etapa realista sus horizontes de expectativas se rompen y replantea su realidad. Muere su madre; esto le da oportunidad de hacer algunos viajes y conocer Nueva Inglaterra. La influencia de los llamados escritores del Círculo de Lovecraft alimentó su inspiración y su poética. Todo lo que fue creado en el pasado se reconfigura y se inserta en una diégeis inspirada en Nueva Inglaterra. La creación de personajes y lugares responde un trabajo excesivamente detallado y realista dentro aquel universo.

En este lapso, la propuesta del oriundo de Providence alcanza su magnificencia. Las pesadillas del escritor se trasmutan en narraciones realistas, en las cuales la razón y el pensamiento metódico relucen para enfrentarse con vetustas manifestaciones e insondables seres. Hay choques que llevan a los personajes a la demencia. “Sus mitos de Cthulhu se han constituido en la última mitología del siglo XX, pero con diferencia de que ésta es una religión para escépticos, de que está distanciada de que su autor no quiere hacerla pasar por verdad. Sin embargo, resulta verdadera, autentica y sincera porque posee la verdad del arte: los mitos de Cthulhu traducen en palabras y conceptos el terror de hoy, ese terror sin nombre que sólo puede expresarse mediante a imágenes de sueño o de locura apocalíptica” (Llopis, Los mitos de Cthulhu, p.10). De este modo, Lovecraft se vuelve el sacerdote de un culto que ha superado los tiempos, una secta antireligiosa que busca la reflexión en el miedo, no imponiendo la existencia de deidades, sino exponiendo los miedos ocultos en la psique humana y llevándolos a una manifestación artística, imperecedera y meditabunda de la realidad.

En esta maduración de la obra, Lovecraft exhibe la condición del hombre ante la inmensidad del universo. Como diría mi maestro Iván Pozos, “el ser es presentado como un ser ante el cosmos”, es una minúscula partícula ante un universo, ante el cual no tiene ninguna relevancia y del cual desconoce todo. Los dioses arquetípicos son un símil de aquella bastedad monstruosa, en la que todos los avances, sueños y aspiraciones del hombre no son más que rastros de polvo en un abismo. Ante estos planteamientos, el maestro del horror cósmico se pregunta qué repercusión habría en el universo si el ser humano no existiese. La respuesta es demoledora para el hybris del ser, pues nuestra desaparición o existencia no afectarían nada. El universo no conspira a nuestro favor, somos indiferentes ante el descomunal escenario del cósmico.

El horror de Lovecraft declara que nuestra visión antropocentrista no es objetiva. La temporalidad del hombre es irrelevante, nuestra mirada sólo alcanza vislumbrar una microscópica porción del tiempo y el espacio. La filosofía del escritor de Providence proyecta al ser a un estado de quiebre de la razón, ya que cuando utiliza los términos inenarrable o indescriptible deja al descubierto que el constructo social del hombre es muy limitado. Como dijo Wittgenstein: “Los límites de mi leguajes significan los límites de mi lenguaje”. Por consiguiente, Lovecraft devela la fragilidad y lo restringido de nuestros alcances, por más que nos queramos erigir como una especie arriba de todo. Ante ese confortamiento, en que el ser humano es rebasado, el “yo” se enfrenta al horror de ser disuelto en el caos primordial o enfilarse a la locura.

En conclusión, el legado Lovecraft va más allá de las modas. La profundidad de su obra sigue rompiendo los horizontes de expectativas de sus lectores y replanteando la cosmovisión de muchos. Asimismo, es un ejemplo de que la literatura de horror no es escapista ni banal, sino todo lo contrario: hurga en los confines más oscuros de la psique y la realidad, cuestiona nuestra realidad, lo que somos, lo que creemos ser y lo que ocultamos.

 

 

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