CRÍTICA: ANCIENT RITES «Fatherland» (1998)

Sobria y sencilla portada la del «Fatherland».  Metal y ¡Leeeeña!

A finales de los noventa muchos grupos de la primera y segunda ola del black metal se encontraban en plena madurez; ANCIENT RITES con su tercer álbum «Fatherland» (1998) son buen ejemplo de lo expuesto. Llevaban por entonces casi una década regalándonos un resultón y agresivo black con alguna que otra reminiscencia alternativa, pero que nunca pasaron a los primeros escalafones de representabilidad dentro del estilo. Todo cambiaría con este larga duración, dando un golpe de efecto y marcando un nuevo hacer en la banda belga.

Para este disco su lider, fundador y vocalista Gunther Theys dio entrada en el grupo a sangre fresca, quedando de la formación original sólo el baterísta Walter van Cortenberg ; así, aún manteniendo su raíz de crudo black, pasaron a practicar un estilo más thrash, más heavy; en definitiva más metalero y pegadizo. El guitarrista Erik Sprooten junto con, el también guitarrista-arreglista Jan “Örkki” Yrlund (ex-LACRIMOSA) y el inestimable apoyo en estudio de Oliver Phillipps (teclados, producción), fueron los artífices de ese sonido melódico orquestal tan elaborado y característico; en adelante esto expondría al grupo ante un mayor abanico de escuchantes, ganando presencia y relevancia en la escena.

Ya con el álbum entre las manos nos encontramos con un trabajo artístico de estilo apagado, hasta añejo. La portada, obra del pintor Jean-Léon Huens, sin ser nada del otro mundo, cumple; el libreto interno ya destila algo más de prestancia, y el propio Cd físico, con un singular tono metálico argentado, no deja indiferente dando cierta impronta de calidad, algo que por suerte veremos refrendado también en el apartado musical.

Todo este maremágnum de elegante fusión estilística llamado «Fatherland» comienza con la instrumental «Avondland». Este primer tema no es sino una intro de poco más de un minuto con una epicidad medieval que parece sacada de una buena BSO, y que sin duda, marcará los bizarros derroteros por donde transcurrirán el resto de canciones.

 

Sin temor a equivocarme lo mejor de la banda hasta fecha de hoy; un disco que pasará a la historia del black melódico europeo.

 

«Mather Europe» es quizá el tema aglutinador del álbum y, junto con «13th of October 1307», el  más pegadizo y meneacabezas. De comienzo y sin aviso, nos asaltan unos cortantes riffs heavy-thrash ochenteros,  aderezados de manera eficaz con la voz blacker de Gunther Theys y unos acertadísimos arreglos de teclados. Todo transcurre con velocidad endiablada, añadiendo además aquí y allá altisonantes voces al más puro estilo metal gótico. Trallazo de canción, redondísima, digno homenaje a la antigua europa, con majestuosas melodías y  unas orquestaciones que nos acompañarán en la memoria (cual beso de anjana) por los restos, garantizado.

El tercer tema «Aris», aunque manteniendo ese ritmo vivo recurrente, parece sosegarse y descansar de los blast beats de la pista anterior. Aquí la letra del dios de la guerra Ares, recuerda el sacrificio, la lucha de diversas tribus rebeldes contra grandes imperios; como pudieron ser la de los lideres galos contra el imperio romano; y es que el disco en general tiene más un carácter didáctico e histórico que oscuro o sacrílego. Siguen esos riffs y voces cortantes, alternando con pasajes más ambientales, en ocasiones de marcha medieval; el estribillo, como tantos otros en este álbum, es pegadizo como la pez; maravilloso.

 «Fatherland», el patriótico tema que da título al disco. Reconozco que no mi preferido, y que funcionaría regular como «sencillo» promocional, entre otras cosas por su extensión (7 min), pero aún así es una remarcable composición con maneras progresivas, mayestáticos coros, combinando partes guitarreras con melodías cercanas al doom gótico, y todo sin perder la contundencia instrumental general del disco. Aquí el nacionalismo de Gunther sobrevuela la canción descaradamente; por suerte aún no parecía haber caído en redes ideológicas extremas de la etapa más contemporánea. Sectarismos políticos a parte, la curradísima letra y unos arreglos orquestales puestos con precisión quirúrgica, aupan al tema a una notable posición.

Llegamos al ecuador del disco con  la mística «Season’s Change (Solstice)»; el fuego purificador, reavivador del astro rey en la noche más corta del año es el hilo conductor aquí. Una elegante introdución pianística deja paso a unos riffs thrasheros a más no poder, donde el sintético (hablaremos más adelante de esto) doble bombo cobra protagonismo elevando el ritmo hasta el reseñable estribillo. La voz límpia aparece en los momentos indicados, soltando salvajes rugidos también entre las cañeras ráfagas de batería. En definitiva, con este tema nos queda una más que agradable sensación de agresividad controlada.

«13th of October 1307» , aún después 20 años -y mil escuchas-  sigue poniéndome los pelos de punta. En su día fue la canción promocional del disco y a fe que acertaron , porque es soberbia. Todo en ella destila baja edad media, el concepto medieval hecho metal extremo. Es la perfecta síntesis de black, heavy y folclore; pocas veces un tema musical abraza mejor la historia templaria y el sacrificio de su lider, el último gran maestre: Jacques De Molay.

Esas gloriosas melodías de flautas, de guitarras y sintetizadores retumbarán en vuestros oidos inexorablemente durante mucho tiempo. Canción rabiosa, cortita, sin descanso alguno, directa al alma.

En «Dying in a Moment of Splendour» Gunther Theys nos muestra su buen quehacer políglota en otra canción extensa donde, de una manera muy original, el bajo cobra relevancia por momentos. Otra buena canción a medio tiempo que gracias a ese empleo singular del bajo -en sinergia con la orquestación- sigue con la buena impresión de todo el disco y sin desfallecer se marca también unos sobresalientes solos de quitarra. Como curiosidad, «Dying in a Moment of…» es la conversión mejorada -y mucho- del último tema «Echoes of Melancholy», perteneciente al mítico disco debut «Diabolical Serenades» (1995).

«Rise and Fall (Anno Satana)»; la antepenúltima pista es quizá la más cruda y oscura de todas. Desata su misantropía y conmiseración paseando por la historia desde Julio César hasta  el «superdotado» Rasputín. Y deja entrever que todo tiene su fin por muy grande e imperal que se sea, todo lo humano cae y como dice en su última frase: «La misantropía gana y se impone».

«The Seducer» es el más thrashero y ochentero de las composiciones con potentes armónicos y toques machacones. Dos personajes mantienen un oscuro diálogo -a voces- con la misma muerte (Kuolema en Finés); invitado de excepción Mika Luttinen, lider y vocalista de los finlandeses IMPALED NAZARENE. Canción homenaje a dos antiguos miembros fallecidos y originariamente compuesto en los albores del grupo para su demo «Dark Ritual»  (1990) pero con diferente título: «Fallen Angel».

Y nos despide el álbum, como ya hiciera en el anterior disco «Blasfemia eternal» (1996) con un susurrante y acústico epílogo a modo de outro. En este caso  llamada «Cain», dedicada e inspirada en la  homónima obra teatral del escritor Lord Byron.

Disco practicamente de diez, casi una obra maestra (el sintético sonido de la percusión, sobre todo el doble bombo, lastra la completa perfección) donde confluyeron maravillosos músicos e ideas. Su brazo ejecutor Gunther Theys impregnó de su halo doom/gothic  el álbum con gran acierto, no hay que olvidar que fue fundador de los góticos DANCE MACABRE. Grabado en los famosos estudios «Spacelab» (ALE) con el beneplácito del sello Mascot Records, «Fatherland» ocupará un lugar privilegiado entre los aficionados al mejor metal extremo que hayan tenido la suerte de escucharlo.

 

Throughout history my misanthropy
Always has been grander than thine

 

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