Relato apocalíptico “Ocho minutos” de Carlota Garrido Fortes

Obscuros saludos. Seguimos fascinados con la acogida que está teniendo este inefable proyecto llamado “Ocho minutos”. Con vuestra inestimable ayuda empieza a tomar cuerpo un tan variopinto como apocalíptico mapa creativo; todo un atlas de distópicas ideas.

Hoy os presentamos el singular y elegante relato de Carlota Garrido Fortes. La BSO elegida es el tema “Sleeping Sun” de los archiconocidos Nightwish. Sentaos, abrid el enlace de fondo y leed, leed relajados porque es el dulce fin del Sol.

 https://youtu.be/UGfKMV5AbMI

-Pintura- “Sol negro” de Rafael Videla Eissmann

 

 

Ocho Minutos

de Carlota Garrido Fortes

 

Ocho : Los gatos lo supieron antes. Se quedaron durmiendo más allá del mediodía. Actuaban así cuando se avecinaba una tormenta, cuando había un eclipse, cuando temblaba la tierra. Ahora parece extraño pensar que aquellos fenómenos se dieran con tanta frecuencia. Pero entonces se sucedían casi todos los meses. Los desastres naturales parecían una sinfonía creada para despertarnos. Pero nadie despertó. Y de todas formas  ¿Despertar de qué? ¿De qué hubiera servido?

Siete: El cielo se cubrió de un color exótico, que jamás había visto antes. A pesar de que había trabajado con pigmentos y matices toda mi vida, no pude ponerle un nombre. No era cadmio, ni cobalto, ni petróleo. Y al mismo tiempo era una mezcla de todos ellos. Recordé aquel relato que había leído sobre un mundo en el que el azul estaba prohibido y los niños traficaban con tizas lapislázuli.

Seis: Sentí el impulso de salir a pintar a la puerta de casa. Pero cuando saqué el material, lo más rápidamente que pude, el color del cielo ya había vuelto a cambiar. Era como si a un tono entre el plomo y el hielo se le hubiera escurrido la luz. Ya no tenía ganas de pintar. No comprendía los tonos.

Cinco: Descubrí un fragmento sólido entre mis pestañas. Era escarcha. El ambiente se había vuelto inusitadamente frío pero la corriente helada procedía del interior de la Tierra. La temperatura era demasiado baja para un mediodía de Abril y el cambió había sido muy brusco porque a primera hora de la mañana no había necesitado chaqueta para ir a por leña. Al entrar en casa noté que reinaba una oscuridad tenebrosa como la que había visto en algunos velatorios del pueblo. Yo sólo iba a los velatorios, nunca a las bodas. Me gustaba más la luz de los entierros, tenían algo de tiempo detenido. Por lo demás, apenas hacía acto de presencia en las reuniones familiares. Había que hablar y esa era una actividad que me agotaba. Me había acostumbrado a observar a la gente desde cierta distancia, como se mira un paisaje.

Cuatro: Había cortocircuitos en la televisión pero la radio funcionaba. Benditas pilas. El locutor entrevistaba a un especialista en pandemias y luego dio paso a un comentarista que hablaba de vanguardia gastronómica. Nada nuevo bajo el sol.

Tres: Se hizo de noche. Estaba claro que era un eclipse de sol total que no había sido previsto por ningún metereólogo. Oí gritos a lo lejos, cerca del pueblo.También escuché motores en marcha, ruedas derrapando, animales aullando y disparos. La luz se cortaba por momentos, pero la radio continuaba funcionando. Yo tenía leña, yo tenía las lámparas de aceite de los abuelos, yo tenía lana de oveja, yo tenía carne de oveja, pero aún así sentí miedo, diría que era un miedo geológico pero también humano. ¿Y si estaba estallando una guerra nuclear? ¿Y si me estaba volviendo loco? Me hice un ovillo junto a los gatos debajo de la mesa y lo rodeé todo de mantas como una fortaleza lanuda.

Dos: Hacía el mismo frío que en la intemperie de las noches de Enero. Bebí varios tragos de licor de hierbas, para mantenerme caliente, aunque lo cierto es que acabé con media botella casi de un trago. No sé muy bien por qué me puse a pintar con vetas espontáneas casi entre tinieblas.  ¿Y si salía algo bueno? Le pondría de nombre al lienzo “el eclipse horizontal”, me reía para mi mismo ¿Habría pintado alguna vez así Velázquez? No, Velázquez no. Pero ¿Y Goya? Goya sí.

Uno: El locutor por fin lo dijo: “según varios testimonios científicos parece que se confirma una disminución dramática en la energía solar en nuestro planeta”. Ya no oía gritos a lo lejos. Se cortó la emisión de radio. No pasó nada más. Ni terremotos. Ni inundaciones. Todo se quedó quieto como en un cuadro de Turner. Dentro nos movíamos yo y los gatos. La única luz que veíamos era la de las lámparas de aceite.“¿Qué harías en mi lugar, Francisco?” Goya no tuvo a bien revelar una respuesta. La casa era una muralla que nos separaba de la muerte. Mi abuelo me lo había dicho una vez : las raíces te salvarán la vida. Pero si había desaparecido la luz, mi vida ya no era algo que valiera la pena salvar.

Cero: Aún podía pintar. No tenía la luz, pero sí su recuerdo. Pintar para nadie, para nada. A lo mejor, el arte era eso: elegir con qué color recordaría lo perdido.

 

Todo un dechado de sensibilidad este punto de vista sobre el definitivo final de la luz; ¿Y será esa la verdadera esperanza de la humanidad, no regirse sólo por pulsiones animales sino aspirar a algo más, crear arte, componer miniuniversos a conformidad?

Sea como fuere, agradecidos por tu personal “Ocho minutos”, mil gracias por todo.

A Carlota Garrido la podéis seguir en el podcast de cine “La ilusionista”: https://t.co/lOVQ49b2sl?amp=1

Seguid enviando vuestros escritos a relatos@metalobscura.com . Inicuos y apocalípticos saludos.

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