CRÍTICA: IMMOLATION – ATONEMENT (2017)

Immolation - Atonement
Immolation - Atonement

Resulta complicado que los veteranos Immolation saquen un lanzamiento que no le guste a sus seguidores. En sus casi treinta años de existencia han ido publicando con cierta regularidad disco tras disco, haciendo un total de diez si contamos este reciente Atonement. Ante tanto material, está claro que cada fan tiene su álbum favorito, que suele ser, como casi siempre, el debut, Dawn Of Possession. No es que me guste llevar la contraria, pero en mi caso tengo debilidad hacia Harnessing Ruin.

Comentaba que es difícil que Immolation lance un disco que decepcione, porque a estas alturas tienen más que refinada y perfeccionada su fórmula musical. Ante tanto reconocimiento que siempre han tenido –muy merecido, por cierto– creo que han tenido claro el camino a seguir, siempre moviéndose entre unos parámetros pero manteniendo también una evolución. Me parece una buena opción, la verdad. Si algo funciona no lo cambies es una máxima que deberían seguir algunos grupos con una base ingente de seguidores.

En cuanto a Atonement, no os va a volver locos. Es decir, no vais a sufrir una revelación mientras lo escucháis, porque, en cierta parte, gran parte de este tipo de música que hace Immolation ya la habíais oído en sus anteriores discos. Esto significa que escucharemos riffs sencillos pero resultantes, adornados en ocasiones con armónicos artificiales, ritmos de batería densos como el alquitrán, y la voz característica de Ross Dolan.

Lo bueno que tiene esta banda, y es algo que no se consigue fácilmente, es que podrías escuchar por primera vez una canción nueva de Immolation, y aun sin que tuvieran que intervenir las voces de Dolan, los reconocerías casi de inmediato. Su música tiene un sello, una serie de características que los hacen únicos. Algo conseguido a través de años y años de evolución y experiencia. Sin embargo, en Atonement hay espacio para sonidos frescos, como el didgeridoo que abre Fostering The Divide y que conjunta increíblemente bien con el ritmo de batería que se marca Steve Shalaty. Otro momento genial aparece en Rise The Heretics, cuando cerca del final suena un riff limpio, sin distorsión ni acompañamiento, llamando toda la atención del oyente, para que poco después suceda una explosión apocalíptica.

Sinceramente no tengo mucho más que decir sobre este gran Atonement. Fórmula que no decepciona, pero que tampoco sorprende. Si ya los conoces, ya sabes qué vas a escuchar. Si no es así, ya estás tardando, Atonement puede ser tu puerta de entrada al microcosmos de Immolation.

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