Relato apocalíptico «Ocho minutos» de C.G.Demian

Sin dilación vamos directos al segundo relato apocalíptico «Ocho minutos». Esta vez tenemos el honor de contar con una obra del escritor C.G.Demian.

Para el astral acontecimiento la BSO extrema correrá a cargo de los noruegos Draconian con el tema «Stellar Tombs»; poned el enlace y a disfrutar de esta fantástica lectura. https://youtu.be/bQlboFvHGQ4

Ocho minutos

de C.G.Demian

 

Me he desperezado por la mañana para disfrutar de la suave brisa del fin del mundo. Este día ha sido elegido por la naturaleza como el del fin de los tiempos. Aunque en realidad, la humanidad ha muerto hace meses. Un día cualquiera, el presidente apareció en televisión. Con rostro compungido nos dio la noticia mientras intentaba infundir en nosotros un valor del que él parecía carecer. Nos solicitó un último esfuerzo. Trabajando con ahínco, habría una posibilidad.

El pueblo deseaba creer. Pero no así los ancianos, la mayoría de ellos se desentendieron. Ya lo habían visto todo, excepto el fin del mundo. Sería la suya una muerte a lo grande, un espectacular último acto que culminaría sus corrientes vidas.

Los jóvenes se esforzaron, necesitaban creer que todavía podían jugar su última carta. Trabajaron durante jornadas interminables, día tras día, sin descanso. No hubo tiempo para fiestas, nunca más hubo ocio ni diversión. No quedaba tiempo.

No transcurrieron muchos meses antes de que las personas se convirtieran en una especie de zombis. No habían muerto. Sus análisis médicos daban testimonio de ello, pero sus mentes estaban vacías. El cansancio, la maldición de un futuro sombrío y el desapego del que se sabe incapaz de dirigir sus designios, fueron marchitándolos. Todos iban a las fábricas, comían en los refectorios y volvían a los barracones para descansar unas horas. Nunca la sociedad humana había sido tan eficiente. Nunca estuvo tan unida. Nunca fue tan desgraciada.

Solo los ancianos disfrutaban del momento. Disfrutaban de las frías mañanas de primavera. Pescaban en los abandonados mares al atardecer. Se reunían para charlar de los viejos tiempos, en los que todo era más difícil. Y, por la noche, lloraban por los jóvenes. Todos tenían hijos y nietos que trabajaban en las fábricas. Todos les veían palidecer en pos de una salvación imposible. El apocalipsis había acabado con ellos antes de haberse presentado.

Entonces ocurrió lo inesperado. El presidente volvió a aparecer en televisión. Esta vez, su semblante era distinto. No había sentimiento en sus palabras, quizá podía percibirse un poco de vergüenza, si se prestaba la máxima atención a su discurso.

─Ciudadanos ─dijo el presidente─, quisiera agradeceros profundamente el esfuerzo que habéis realizado durante estos meses. Para mí ha sido un orgullo pertenecer a esta gran nación, formada por tan excelentes hombres y mujeres. Sin embargo, nuestros esfuerzos por crear una fuente de calor alternativa al Sol han sido infructuosos. Y con todo nuestro dolor, debemos abandonar este proyecto, pues no queda ya tiempo para rectificar. ─Hizo una pausa prolongada─. Pero no debéis sentiros defraudados, porque vuestro trabajo ha dado sus frutos ─prosiguió hablando─. Perteneceréis a la historia, seréis los últimos héroes de la Tierra, aquellos que lucharon para que no desapareciese la vida en nuestro planeta. Sin embargo, un segundo proyecto, el Electus, ha sido finalizado con éxito. Y ahora, desde la nave Iterum, os prometemos que vuestro sacrificio no habrá sido en vano. Encontraremos un nuevo mundo donde prosperará una nueva humanidad. Que Dios os bendiga a todos.

La emisión finalizó abruptamente, dando paso a un enjambre de puntos negros y grises. Los agotados ciudadanos se miraron unos a otros, solicitando una explicación que ya conocían. Y la realidad se tornó todavía más cruel.

Muchos se arrojaron al mar. Otros dejaron de comer. Los más manifestaron su rabia arrasándolo todo. Incendiaron las fábricas y los barracones. Se enfrentaron entre ellos sin justificación y sin objetivo. Solamente importaba liberar la ira y, con un poco de suerte, porque no, morir en la lucha.

Llegó el invierno, y todavía más personas  murieron de hambre y frío. Ya no quedaba casi nadie, tan solo unos pocos ancianos que escaparon de la violencia.

Entonces, me quedé en casa, no había donde ir. Solo ambicionaba sobrevivir hasta el día del ocaso. Deseaba contemplar como la luz del sol se extinguía y, luego, sentir el frío.

Y lo conseguí, estoy listo para deleitarme con el espectáculo.

 

Magnífico relato distópico; poco que añadir a tan desesperanzador e impotente final, pero algo sí nos deja claro, la alienación sólo lleva al desastre de la mayoría en favor de una minoría embaucadora y ruin. Gracias a C.G. Demian por dejar su singular impronta de calidad en este proyecto.

Podéis encontrarle en:

Blog: http://www.cgdemian.blogspot.com

Web: http://www.cgdemian.wordpress.com

Y comprar sus libros:

https://www.amazon.es/dp/1090981503/

 

Seguid enviando vuestros escritos a relatos@metalobscura.com . Nefandos y apocalípticos saludos a todos.

 

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