El camino al último pecado: reseña del nuevo disco de Irdorath

 

 

Desde que el black metal nació en las escarchadas tierras de Noruega, miles de bandas han ennegrecido su música; se han sumado a aquel sonido caótico y desolador. El negro acero se extendió en diferentes latitudes; además, en muchos casos evolucionó tomando diferentes rostros y disímiles sonidos alejándose de la podrida semilla que plantaron bandas como Mayhem, Burzum, Dark Throne, etc. Algunos puristas dirán que corrompieron el género; no obstante, el que la música y las bandas busquen un camino diferente al origen no es sinónimo de degradación, sino de un posicionamiento y experiencias diferentes.

            Como ejemplo esto, llega el cuarteto austríaco, Irdorath. La banda se formó en 2005 y han recorrido un largo trayecto dentro de los terrenos del black metal. En su andar cuentan con 5 álbumes de larga duración y numerosas presentaciones en Europa, en las cuales se han ganado el respeto y admiración de los seguidores del género. Como principal motor de la agrupación está presente el black metal, mas ellos lo han equilibrado con elementos de thrash y destellos de death melódico.

            En mayo de este 2020, los austríacos presentaron su nueva placa, The Final Sin. Éste es primer material lanzando con Art Gates Records. Lo que encontramos en este disco es una producción impecable, cada elemento está bien balanceado; las guitarras suenan titánicas, el bajo se hace notar y funciona como una pared de apoyo; la batería es inclemente, en instantes es profunda y luego se torna una ráfaga de pura velocidad; la labor vocal es portentosa y bien ejecutada para darle diferentes matices a cada canción.

            El disco comienza como una invitación para librarnos de las ataduras de una falsa virtud. El primer andar es lento y seductor, pero en un instante la furia infernal se desata; nos revela cómo será la peregrinación por el último pecado. Chains of virtue es una magna composición estructurada sobre melodiosas sombras conjuntadas con veloces arrebatos y momentos contemplativos.

            Lo que vine es Debaptized, infernal himno que exhorta a libertad. Chispazos de thrash se asoman para tonarse en negros momentos de rabia. Seguidamente, se asoma Redeemer of heretics. Un lento y profundo bajo se adhiere con la batería para crear un respiro; sin embargo, el suspiro se torna en un aullido adornado de riffs rasposos y bombos que martillan con demencia. Entre la velocidad y atmósferas umbrosas se revuelve esta herejía sonora.

            Con una épica y elegante introducción acústica se presenta Divine desilusion.  Una de las canciones mejor logradas. Espacios lentos y envolventes permiten escuchar los diferentes matices de la voz. Es el tiempo de la introspección para reflexionar sobre lo decepcionante que es la religión cristiana; asimismo, llega la furia ciclópea de las guitarras para arrasar todo a su paso y hacer arder la divinidad

            Lo siguiente es Disgust of elightenment, tema caótico y veloz; blast beats anárquicos y riffs melódicos. Una de las piezas más agresivas del álbum. Después del negro desconcierto se asoman los fulgores de death mleódico. Revestida entre grandilocuentes guitarras y momentos de acero negro se incrusta como una maldición, Anthem of the final sin. Un tema monstruoso y retumbante. Armonías insanas se deslizan dentro de una sensación marcial. Aquí, una de las filosas hachas se atreve a crear un solo breve pero glorioso.

            Como preámbulo al cierre, se conjuran dos piezas llenas de rabia y soberbia ejecución. La primera, The plague, I am. Canción vertiginosa con guitarras que rugen como el aullido de un lobo. La cólera y la velocidad se desatan como una tormenta que parece no detenerse. El segundo tema, Shatterer of theworlds, un arrebato de disparos precisos y ambientes que presagian la devastación.

                 Para llegar a la conclusión, las campanas del inframundo replican para anunciar el fin de la negra eucaristía. Se hacen presentes riffs que se desbordan como trituradoras; ambientes nebulosos acobijan un infernal rechinar que no cesa mientras se incrusta en lo más profundo de la psique. When the the last bell falls the silent ha retumbado para conducirnos hasta el último pecado.

            En suma, el disco es breve y conciso; cada canción es muy disfrutable. La mezcla entre black, thrash y death melódico está bien ejecutada y los temas alcanzan momentos memorables. Sin duda, un trabajo bien realizado que constata la pasión y compromiso con la música.

 

Irdorath son:

Markus – Voz y Guitarra

Craig – Guitarra

Mario – bajo

Thomas – Batería

https://www.facebook.com/Irdorath

 

 

 

 

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