CUENTO: EL TRANVIA

by Agustín Andrés Pérez Gamboa

Hola a todos, una pequeña reseña de la vida real.

Corría en Uruguay el 13 de febrero de 1906, exactamente el mismo día que fallece en Europa el pintor Danés Albert Gottschalk, Uruguay, zona del mundo que sin nomenclatura y llamada  en ese momento país, más exactamente en el Departamento de Durazno el nacimiento de una persona que iba a redirigir el pensamiento de muchos de su descendencia y el desapruebo de muchos sin saberlo. Nacía de una familia típica de la zona rural del Uruguay, ex banda Oriental de aquella época, Don Benigeno Patricio Gamboa Galván, en la 5ta sección, el segundo hijo varón de 12 más que tendrían Doña Emma Galván y el “Tropero” Patricio Gamboa, que según cuentan venían desde Europa y la historia oficial lo confirma, al saberse que al norte de España nacía la estirpe de los “Gamboinos” , que llegó a conocerse siglos después como los Gamboa, quizás por cambio estructural en los documentos o simple comodidad verbal. Como todo en esa época donde la Ganadería pasaba uno de sus mejores momentos. En lo referente a la agricultura en el Uruguay del 900 esta actividad sigue siendo cosas de gringos, desarrollándose incipientemente en las zonas marcadas fuertemente por la inmigración europea y a los alrededores de Montevideo y alunas ciudades del interior como abastecedora de esos mercados. (La excepción en el panorama general de la agricultura los constituyen algunos cereales, los forrajes y el comienzo de la producción azucarera). Si bien cabe destacar para este período la fuerte intención política marcada por el Uruguay batllista en su intento de enfrentar el latifundio y promover la agricultura, el Uruguay seguirá teniendo una estructura de propiedad básicamente latifundista dedicada a una explotación extensiva.

Presidente uruguayo de principio de siglo que promulgo el voto de la mujer.
Presidente uruguayo de principio de siglo que promulgo el voto de la mujer.

No fue fácil la vida para Don Benigeno, que ya desde pequeño tuvo que ser referente de sus hermanos menores, junto a su socio más cercano, Piringo Gamboa Galván, su único hermano mayor. Se estilaba en esos tiempos que los hijos mayores ayudaran a sus padres desde pequeños y a sus hermanos menores en la educación pero sobre todo en el Trabajo, era un Uruguay en formación y prospero. Aun así, el machismo reinaba en el país, Batlle más adelante en el tiempo, visionario por sus viajes a Europa lograría ser el primero en aplicar en Sudamérica el voto femenino en las elecciones, pero, mientras, en el Uruguay “tierra adentro” las cosas parecían que se hacían difícil mas por costumbre que por lógica. Cuentan que muchas veces, don Benigeno y suponemos que también Piringo, salían a trabajar la tierra y los quehaceres del campo a altas horas de la madrugada, a veces con los pies tan fríos que se los calentaban con el meo (orín) de las vacas, que salía como un grifo de agua caliente, ante la escarcha fría de esos inviernos donde no existían casi los resfríos y los ataques de pánico que hoy abundan como el pasto que rodeaba la ciudad de Durazno, en el corazón de Uruguay.

Durazno es un Departamento que limita al norte con el departamento de Tacuarembó, al este con el de Cerro Largo, al sureste con el de Treinta y Tres, al sur con el de Florida, al suroeste con el de Flores y al noroeste con el de Río Negro. Pero lo que cambiaría el rumbo de lo que realmente tenemos conocimiento es cuando conoció a Manuela Benjasmina Colmán, hija de un prestigioso Juez de Paz del Departamento de Tacuarembó, el Departamento más grande del Uruguay y tal vez con Durazno los que forman el centro del país Oriental. Más exactamente en la ciudad que hoy conocemos como  San Gregorio de Polanco, ¿por qué recién hoy se le considera ciudad? Antes de la conquista española, vivían en esta zona los indígenas, a orillas de un angosto y tortuoso curso de agua al que llamaban Hum y que hoy conocemos como Río Negro. Mucho tiempo después, el 16 de noviembre de 1853, el general José Gregorio Suárez fundó allí una población, entre tierras que donó el mismo y un estanciero de la zona Juan Cardozo. Se llamó Gregorio en homenaje a su fundador, mediante la alusión a un santo católico de acuerdo con la costumbre española. Se agregó «de Polanco» porque el paraje era conocido desde antes como «Paso de Polanco». Fue sin duda el vado más frecuentado en las rutas que unían el norte y el sur del país: todavía el Río Negro era en ese lugar un fino hilo de agua. La represa «Dr. Gabriel Terra», en Rincón del Bonete, inundó en 1945 las zonas bajas cercanas y cambió el paisaje de San Gregorio.2 Desde entonces, el Hum de los indígenas se ensanchó, formando un gran lago de límpidas aguas azules, en el que se reflejan hermosos atardeceres y se creó el balneario. Ese espejo de agua, que tiene unas ciento veinte mil hectáreas de extensión, con kilómetros de blancas arenas que rodean la península, ofrece a turistas y lugareños un escenario ideal para disfrutar el sol y el agua durante el verano, pero también admirar el paisaje en cualquier época del año. San Gregorio de Polanco fue declarada villa en 1963 y ciudad en 1995. Allí, como decíamos antes dio sus primero pasos esta niña educada, de familia acomodada pero como el machismo reinaba en el mundo, su padre, de quien hemos tenido hasta pequeños datos que fue Juez del casamiento de quien se supone que era el mismísimo Carlos Gardel, el Coronel Escayola. No sabemos a ciencia cierta cuantos hermanos tenia Manuela Besjasmina, pero si sabemos que sus padres y sus hermanos tenían todos, sin excepción su nombre empezando con la letra M. Un caso curioso pero no tan curioso como el encuentro allá por mediados de la década del 30 entre Benigeno y Besjasmina (que de ser Manuela la llegaron a conocer todos con el tiempo como Benjasmina o Benja y sus nietos y bisnietos la trasformaron en “abuela viejita”).

Matrimonio

El destino y el encuentro de estas dos personas que no podemos detallar los idilios de la época, pero si sabemos que tuvieron tres hijos que hoy se conocen como Rubén Gamboa, Hualberto Gamboa y Zulma Gamboa, raramente siendo solo tres a lo que la época marcaba, pero quizás y por costumbre, se estilaba “perder muchos hijos” y de hecho hasta perdieron en muerte a una cuarta hija de cual solo tenemos el dato de que fue antes de cumplir 5 años por causas desconocidas hoy. Fueron tiempos difíciles para un solo hombre, con poca experiencia intelectual pero de sobra en experiencia de vida llevar adelante a esta familia. Por alguna razón se mudan a Montevideo, al barrio de la Unión (quizás después de estar en algún otro lugar del interior uruguayo) pero Montevideo era más prospero en esos tiempos, esos tiempos donde no todos tenían radio en las casas o simplemente poder adquisitivo para comprar tan siquiera un diario para enterarse de que pasaba con la segunda guerra mundial que estaba en su auge y afectaba directamente a Uruguay, ya que fueron épocas prosperas al grado de llamarla “La Suiza de América”, haciendo referencia al país europeo que aun hoy sigue siendo una potencia mundial y uno de los lugares más felices del mundo
TRANVIA 1930

El tranvía.

Los primeros transportes eran algunas cachilas Ford T que solamente los acaudalados tenían, pero con el Uruguay prospero y el invento argentino del transporte colectivo y gracias a la maquinaria Inglesa que forjo la revolución industrial, llego a Montevideo el tranvía. Este transporte tiene mucho que ver con nuestro relato. El primer servicio de tranvías en Uruguay, con coches tirado por caballos, se inauguró en Montevideo el 25 de mayo de 1868, durante la presidencia de Lorenzo Batlle. Por lo tanto ya tenía su experiencia y sus mejoras para cuando Benigeno ingresa como chofer de ese medio de transporte. Donde imaginemos, era usado por toda la población, clases sociales, políticos, deportistas y empresarios de aquel Montevideo añorado. Un trabajo de chofer donde se pueden destacar tres cosas, una era que había un estricto uniforme que cada trabajador debía llevar, parecido a los uniformes de un solado de guerra, con su gorra y sus abotonados hacia el cuello, otro detalle importante es que los choferes debían ir parados, lo que después de tanto tiempo a Benigeno seguro le habrá costado muchas varices, cansancio diario, pero que sin embargo cumplió al pie de la letra. No se habla mucho de las personas que se habían arrojado delante del tranvía quizás buscando salir de este mundo biológico al querer suicidarse pero son historias que van marcando el final que queremos darle y a donde apuntamos con este pequeño relato, que se centrara solamente las cosas heroicas y sabias de este personaje, Don Benigeno Gamboa. Podríamos contar muchísimo del tranvía, ya que  para cuando entro Benigeno ya era un transporte con muchísimos años en Montevideo, pero si después de 1928, que tuvo su último cambio hasta la llegada de los ómnibus y el descarte definitivo del tranvía. En 1928 la Sociedad Comercial adquirió La Transatlántica, y la fusión completa se hizo en 1933. En 1947, en el gobierno de Luis Batlle Berres –y en el proceso de nacionalizaciones que vivía Uruguay y América Latina– se creó la Administración Municipal de Transportes Colectivos de Montevideo (AMDET), que tomó a su cargo los tranvías como parte de pago de la deuda que Gran Bretaña tenía con Uruguay por abastecimientos realizados durante la Segunda Guerra Mundial. AMDET sustituyó progresivamente las 61 líneas de tranvías por trolebuses, proceso que se inició en 1951 con la inauguración de la línea 62 de esos vehículos. En abril de 1957, con la llegada a Belvedere del coche número 159, cesaron los servicios de los tranvías eléctricos en Montevideo. Entre 1967 y 1974 circuló una línea de carácter histórico en la calle Carlos Gardel, en el barrio Sur, más conocida como 36.

Legado de Benigeno

Además de la historia que contamos de su trabajo, hubo un hecho importante que es la razón y el mensaje que quiere dejar esta pequeña reseña. Es el legado de un hombre honrado. Un hombre como ya “no vienen mas”, porque vivimos en un mundo lleno de egoísmo, envidia y sobre todo falta de honradez. Un día, quizás de verano de aquellos años de tranvías, en quizás para Benigeno un día mas de esa rutinaria vida de manejar y llevar gente de un lado a otro, se encuentra en el tranvía un monto de dinero importantísimo para la época, un dinero que según tenemos referencia no tenia nombre o dueño, del cual perfectamente Don Benigeno Gamboa podría hacer uso para su familia, quizás mejorar la casa o comprar como todos tenían un televisor o algún artefacto de la época. Pero el solo hecho de tener en sus manos que algún compatriota estaría buscando con desesperación lo hizo sin dudarlo, entregar ese monto de dinero, que no sabemos a cuanto ascendía, pero si sabemos que era mucho dinero. Según cuentan los relatos de allegados, se apersono ante la comisaría más cercana e hizo entrega de esa suma de dinero, quizás con muchas dudas antes de hacerlo, no podemos saber que paso por su cabeza, pero si lo que los hechos marcaron. Un hombre honrado frente a la burocracia policial y estatal, seguramente con estas palabras que interpretaremos usando la intuición que la experiencia nos dejo:

-Buenos días señores, dijo Benigeno al entrar a la comisaria.

-Buenos días, en que podemos servirle, respondió uno de los oficiales del destacamento.

-Mire doctor, yo soy chofer del tranvía de la línea 36 y encontré algo que quisiera que llegara a su verdadero dueño.

-Dígame señor, ¿Qué encontró y cómo podemos ayudarlo?

Allí, don Benigeno presenta en el mostrador una cartera donde además de documentos había una suma muy grande en dinero, se calculaban unos 12 dólares de hoy

-Es esta cartera que contiene unos papeles y muchísimo dinero, respondió nuestro héroe.

Ante la mirada atónita del oficial, que le interrogo todo tipo de detalles, le dijo que esperara y se fue hacia adentro a buscar al comisario del destacamento para contarle semejante acción de un hombre de bien.

-Buenos días, dijo el comisario, medio despeinado y acomodándose el sombrero.

-Buenos días, imagino que el oficial le contó porque estoy acá, dijo Don Gamboa.

-Si..Si claro, y le extendió la mano temblando el comisario.

-No sé qué decirle por su honradez, déjeme que le anote su nombre y dirección para informar de esto al Intendente de la nación, esto tiene que saberse. No se encuentran hombres como usted en estos tiempos.

-No hay problema doctor (siempre le decía doctor a los pares de él), le dejo mis datos, pero solo vine a cumplir con lo que la conciencia me manda compañero.

Después de los saludos de camaradería y costumbrismos este hombre honrado se fue a su casa como un día mas…

Legado de Benigeno 2

Hoy por hoy sería imposible contar una historia como estas, pero para terminar debo decir dos cosas, con los días, Don Benigeno Gamboa recibe un diploma de la Nación uruguaya, un Diploma de Honor, que quien escribe lo pudo ver y hasta lo tuvo en sus manos, bajo sus amarillentas hojas y un vidrio que mostraba el tiempo que habrá pasado, un diploma que habrá sido testigo de numerosas cosas en la casa de la ciudad de Las Piedras, donde poso la mayor parte de su vida ese manuscrito, que ahora no recuerdo quien firmaba, pero sí recuerdo lo que decía: “Diploma la honradez, fechado el 12 de noviembre del corriente año a Don Benigeno Gamboa Galván, por su servicio a la comunidad”.

Quizás, si no escribía estas palabras, muchos pasarían por alto este hecho que no fue muy mencionado en la familia de los Gamboa, pero debo dejar por escrito en primer lugar la honradez de este hombre, que a su manera dejo en alto este apellido que quien escribe lleva con orgullo, este linaje que tiene los cimientos más arraigados en el buen vivir. Don Benigeno Gamboa sin duda ha sido un ejemplo, un hombre experiente, sabio dentro de sus limitaciones como humano, pero seguro que un buen padre, un buen consejero, un buen amigo de sus amigos. Un ciudadano ejemplar que queremos sacarnos todo el sombrero, ponernos de pie ante este majestuoso ser, del cual, para terminar, diré con orgullo y quizás los ángeles de los Borges, Benedetti u Onettis ya muertos escuchen desde sus reflejos. Este hombre era mi abuelo.

Dedicado a la memoria de Benigeno Gamboa Galván 1906 – 1989.
Don Benigeno Gamboa

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