El rock and roll de Covid

Cuando nos confrontamos con la realidad y vemos el pasar de la guadaña de Cronos sobre nosotros, el espejo nos brindará una imagen diferente de lo que pensamos que somos. El estar insertos en el mundo nos arrastra a una espiral de la que nos podemos escapar. En el vivir es inherente ser expuestos a miles de sucesos, en los cuales dejaremos ser para convertirnos en lo que somos y después dejar de ser para transmutarnos en la nada.

            Ahora, al reflexionar sobre el devenir de la realidad, tenemos que pensar que hemos llegado a nuevo punto de cómo entender el mundo, ya que éste ha dejado de ser lo que pensábamos; actualmente hay una neblina que poco o nada nos deja ver. Ya ha pasado un poco más de un año desde que el ser humano se está enfrentando con una nueva pandemia y la manera accionar dentro de la sociedad ha cambiado enormemente.

Recuento de las cenizas: a manera de no hacer un recuento 

Desde este punto, afirmamos que ni el mundo ni el Hombre serán lo mismo después de este acontecimiento.  Quizá muchos piensen que esto es un derroche de dramatismo; sin embargo, ¿podrían constatar que la aparición de este virus no ha creado un daño para muchos, ora personalmente, ora de manera social?

            Para empezar, podemos decir que lo que veíamos como una broma lejana se convirtió en un animal que poco a poco comenzó mostrar las garras. Los más sarcásticos y sesudos investigadores de Facebook y de blogs conspiranóicos negaron la existencia del virus con pesquisas más allá de cualquier laboratorio. Seguidamente, las fauces del animal dejaron caer sus colmillos sobre todo el constructo social; algunas cosas comenzaron a cambiar.

            Sobre lo expuesto, he de remarcar que sí debemos dudar de la información, pero con base un criterio analítico y objetivo, no con el sustento en la especulación y chisme de lavadero. Tenemos que tener cuidado en saber diferenciar una opinión de un argumento; no sumergirnos en la velocidad y saturación de información irrelevante que se diluye en un mar virtual.

            Al hablar de la mudanza del constructo social, es evidente mencionar el cambio tanto de las pequeñas como de las grandes economías. Esto lo podemos ver desde el contexto más inmediato: el cierre de negocios y actividades no esenciales. Aspecto que hizo más obvias las desigualdades del sistema económico, en las cuales el empleado tiene poco o nulo valor o no hubo la manera de mantener ese trabajo, ya que lo negocios más pequeños fueron los más golpeados. Por consiguiente, se generó una enorme herida para muchos; con el paso del tiempo y el confinamiento, la situación se tornó una pesada cadena.

            Para ejemplificar esto, se puede presentar la situación de la industria musical. Desde hace mucho ésta ya había sufrido cambios y la manera de generar ingresos reales estaba en los conciertos y festivales, pero la pandemia cambió el juego y todos tuvieron que replantearse; asimismo, buscar otras opciones para seguir adelante.

            Muchos siguieron con streamings y diferentes dinámicas; no obstante, esto no podía funcionar para todo. Algunas bandas y músicos han abdicado porque la pandemia magnificó muchos problemas latentes y para ellos ya no habían opciones. Algunos otros tratan de mantenerse a flote en un río violento y engañoso.

            Por otro lado, vemos como promotores y productores intentan seguir ayudando con la creación y difusión de shows on line y buscando opciones para aplazar los festivales. Una elección que intenta que la industria no caiga en un retroceso y no se pierda lo que ya se ha avanzado. Situación realmente complicada.

            Ante este contexto, mucha gente sólo se burla y se exhibe como trolls de internet que hacen bromas o comentarios que reflejan su falta de empatía; dejan al descubierto su ignorancia. Supongo que para muchos importa más sentirse gracioso y exponerse como estúpidos antes de pensar en todo lo que se ha perdido y puede perderse. Junto a este tipo de personas se han unido seudo medios de comunicación que buscan generar controversia o hacer comedia barata de todo. Esto, obviamente, es una expresión de esa modernidad liquida, en la que no importa la veracidad o profundización de la información, sino la saturación de falsedad, superficialidad y estupidez.

            En este punto, algunas actividades ya se están retomando y otras ya están en puerta. Sin embargo, la herida sigue abierta para muchos; las secuelas no serán fáciles de sanar. Algunos volverán y otros quizá no. Supongo que ante este pensamiento, la risa del bufón se pronunciará con la elocuencia de la sabiduría del farsante y dirá que todo será como lo fue antes. No obstante, esta afirmación la harán los que se aferran al pensamiento mágico, la fe más basta y al humor más vulgar.

            ¿Podremos volver a la realidad que conocemos? Es evidente que no, pues como dijo Heráclito: “el cambio es la única constante”, es decir, la realidad y el ser se mantienen en constante movimiento. Lo que sí se puede afirmar es un replantear de la realidad. ¿No ha mudado nuestro andar por las calles? ¿La manera de relacionarnos es la misma que conocíamos? ¿Podrías decir que no se generaron nuevos parámetros sobre el mundo, el Hombre y sus actividades?

            Hoy, las personas piensan que todo esto está por terminar y volveremos a la banalidad cotidiana que manteníamos o a aquellas actividades que se nos han limitado. Pero, ¿estamos realmente en la víspera de todo esto concluya? ¿Acaso la llaga hecha del fuego no persiste sobre la piel? ¿El soldado que ha vuelto de la guerra no trae consigo los fantasmas? ¿Realmente estamos por llegar al último capítulo de la serie? ¿Tú puedes llenarte de verdad y ser el profeta de un futuro benevolente?

            Pienso, sin llegar a imponer nada, que la hecatombe no está por terminar. Con base en esto, expongo el accionar del humano. Algunas voces cantaron por una época de hermandad y unión, pues ante las grandes desgracias el Hombre se vuelve empático y solidario y brillante. Ese tipo de ideas me parecen los desvaríos de un hippie que se ha cegado y no alcanza a ver la sangre que decora nuestro existir.

Hermandad, valentía y héroes

            En el inicio de esto, nunca faltaron los científicos del barrio que para negar la existencia de la pandemia, investigaron si el teporocho en turno de la colonia aún seguía en este mundo sin ningún cambio en su entorno. Ante estos estudios y el extraordinario conocimiento del vox populi, los compadres del barrio salvaron al mundo de caer en la manipulación mundial. Esto, sin duda, pasará a la historia como magnos cantares de gesta, ¿no?

            Por otro lado, tuvimos la aparición de grandes paladines de la justicia. En su noble cruzada para mantener el orden, los bravos guerreros insultaron, degradaron, discriminaron y atacaron al personal médico. Esto con el sustento, del prejuicio y una histeria colectiva. Asimismo, estos vengadores revelaron el plan maestro de los hospitales para sacarles a las personas el líquido de las rodillas. Ante estas expresiones de valentía, me faltan palabras.

            También se puede hablar de grandes actos de fe que se realizaron para obtener un milagro. Tuvimos la noble marcha de los honorables seguidores de San judas Tadeo que no pudieron dejar pasar por única ocasión el darle gracias de lo que sea que hayan pedido, quitado o ingerido. Todo esto con las medidas sanitarias adecuadas y el respeto a toda la población. Asimismo, lo hicieron los devotos de la virgen morena, ¿o me equivoco?

            Ante la incertidumbre, el miedo y la falta información la mejor respuesta es Dios. Este pensamiento expone muy bien el vacío que significa Dios y la idea obsoleta, pero reconfortante que es. Muchos esculpen en sus mentes que Dios decidirá el destino y que persona sigue o se va. Por consiguiente, no importa nada más que el designio de Dios, o sea, la elección de la nada, pero una nada que ofrece el consuelo ante lo que no se puede explicar o ante lo que no se quiere lidiar.

            Los rezos como metralla de plástico se impactan ante una realidad en la que poco o nada importa una deidad, sino el placebo en que puede convertirse y la respuesta sin reflexión que llena los corazones. Rogamos ante en templo de vacío y nos convencemos de que nuestra vida pertenece al capricho de una efigie muerta hace cientos de años.

            Sigamos este recorrido sobre nosotros en esta pandemia y hablemos sobre la hermandad que vivimos. En los mínimos actos, observamos el respeto que nos tenemos los unos a los otros. Como ejemplos podemos señalar cuando las personas se niegan a usar el cubre bocas en el transporte público o en establecimientos, en los cuales es requerido. La respuesta de hermandad es la soberbia sonrisa de superioridad; enunciar la inexistencia del virus o profetizar que todos nos vamos a enfermar y que nada nos pasará. Además, recordemos que somos seres dados a celebrar y somos tan extraordinarios que tenemos que realizar la fiesta de 15 años de la niña con los 500 invitados. No importa la pandemia y un virus que dijo Doña María que no es mortal porque se lo comentó su compadre que tiene un primo que tiene un conocido cuyo hermano trabaja en una fábrica de plástico cerca de la Secretaría de Salud. Entonces lo más importante es la convivencia y la hermandad.

            Esto es sólo por mencionar algunos casos de lo que se vive en estos tiempos de pandemia. Estos ejemplos burdos no dibujan a todos como una sociedad carente de reflexión y como seres se subliman su problemas, es decir, no enfrentamos el embate de la realidad y nos escodemos en el consuelo de las prácticas sociales que necesitamos para construir nuestra existencia ante los demás, ya que si no somos vistos o no tenemos la interacción con el otro no existimos o no vale la pena vivir.

            El último punto para reflexionar es sobre la vacunación. Ante esto hay una enorme incertidumbre y muchos pensamientos. Muchos han decidido no vacunarse y esto abre un enorme debate y repercusiones que nos dejan muy lejos de dar fin a esta situación.

              En suma, estamos en una época en la que nadie ha escapado de los estragos de la pandemia. Algunos dieron el último adiós a seres queridos, otros se han enfrentado con los estragos psicológicos del encierro, muchas personas han sido golpeadas por las condiciones económicas y sociales; algunos no volverán a tener la misma salud. Nadie ha salido exento de las fauces virus. Todos hemos dejado nuestras rutinas y hemos reconfigurado nuestras existencias a las nuevas reglas del juego. Quizá muchos han dejado labores y actividades que añoran y otros están lejos de lo que fueron o quisieran realizar. Hoy, existe un nuevo paradigma para entender la realidad y por más que lo neguemos nada volverá a ser de la misma manera, hay heridas que nunca sanan por completo.

Para concluir

Todo esto ha sido un ejercicio para pensar y reflexionar sobre nuestra realidad. No soy dueño de ninguna verdad y nadie lo es. Lo que expongo en este escrito es la manera en que veo las cosas, esto no con el afán de adoctrinar ni de controversia, sino como la necesidad de cavilar; buscar otras opiniones y diferentes perspectivas.

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