Renacer entre sombras: The 69 Eyes en CDMX
Un poco antes de las 8:00 piso el suelo próximo al antiguo Circo Volador. Disparo la primera ojeada; vislumbro hábitos oscuros y ansias de sangre. Cacique Entertainment ha convertido el recinto en una morada de vampiros, en la cual The 69 Eyes y sus aliados The Prismatic Shapes prometen una velada de embrujo escarlata.
Entro rápidamente al sitio y tomo posición con el primer brebaje en mano. Las ocho repiquetean y Prismatic Shapes aparece con notas hipnóticas. Por otro lado, el vetusto santuario se pobla poco a poco de alimañas de la noche.
Un bajo cálido y una guitarra envolvente bailan con una voz que parece salir de una catacumba. Las miradas permanecen atentas al teatro de lo absurdo que reluce en el escenario. Los gritos y aplausos se levantan para la banda que ha tomado posesión infernal de la palestra. Prismatic Shapes deja la primera mordida en el público y se retira con loores.
La piel comienza a arder y el cuero negro escurre. Un poco después de las 9:00 el Circo Volador se hace más estrecho entre siluetas extrañas.
Acordes desperados tocan, es el anuncio de los señores de la noche. Cinco figuras salen de sus ataúdes y suben al altar para levantar a los demonios. Gritos y manos al aire. Jyrki sujeta la batuta que conduce al coro de criaturas noctámbulas.
Un sonido poderoso envuelve el recinto. Distingo colmillos entre labios que siguen la voz profunda de Jyrki. Riffs de sombra entre mis pupilas y el llanto de la penumbra emerge de las gargantas que siguen al depredador de Finlandia.
La gente está totalmente entregada a los Vampiros de Helsinki y la agrupación sangra un dulce veneno entre acordes de pesadilla y ecos fúnebres. Asimismo, la seducción y placer aparecen con guitarras de dientes afilados; por consiguiente, un brasier vuela como ofrenda para los embajadores de las tinieblas.
Con lasciva lengua y suspiros entre los pechos, The 69 Eyes hace que todas las chicas góticas eleven sus pasiones. El castillo erigido se estremece con aullidos y el amor de un amanecer perdido entre la oscuridad se ciñe a los corazones de los asistentes. Los acordes se encajan en las venas y los fineses despliegan sus alas de cuervo. En cada aleteo encienden antorchas en los entes que siguen con atención la música de la noche. El concierto es un dulce pandemónium. El sonido golpea con potestad los cuerpos, la actuación de la banda es endiablada y los espectadores lucen energéticos.
Seguidamente, el escenario queda en silencio y los vampiros desaparecen. “69, 69, 69” suena a coro y los engendros regresan con un “viva México, cabrones.” Los recuerdos trepan en las palabras de Jerki. “¿Ustedes aman el Rock and roll?” La muchedumbre responde “Lets go, Lets go” y los espíritus de una vieja presencia neoyorquina resuenan mientras los puños ondean y las voces gritan: “tonight, tonight, tonight.”
El final inevitable está por llegar; sin embargo, la mordida de los Vampiros de Helsinki nos promete una divertida eternidad. “Ustedes quieren rock, Ustedes quieren rock”, con esta sentencia todos nos volvemos chicos perdidos y nos lanzamos detrás de las sombras azules para renacer otra vez. La gente enloquece y la banda se retira entre ovaciones.
