El Cambio del Terror. Primera Parte

El miedo, el miedo cambia con el paso de las generaciones. Los problemas que enfrenta cada sociedad a lo largo del tiempo cambian, por lo mismo aquello que nos provoca turbación, a excepción de un aspecto invariable: lo desconocido. Si bien esto podría hacer un terror constante y atemporal, en los últimos tiempos se puede notar una diferencia abismal entre as obras encaminadas a perturbar al público al comprar aquellas producidas durante el siglo pasado y los 20 años del presente. Hemos sido testigos de grandes hits del género, claro, pero que no llenan las expectativas de fanáticos aguerridos.

Si debiéramos señalar los formatos más consumidos en tanto al horror podríamos señalar tres: el cine, los videojuegos y la literatura. Hay grandes exponentes en otras expresiones artísticas, pero se ven opacadas en su popularidad, salvo por algunas excepciones como Junji Ito en el manga, por ejemplo.

Los elementos

El ambiente:

En los tres casos mencionados podemos decir que uno de los factores que carga la mayor responsabilidad de causar sensaciones en el espectador es el ambiente. Debe incomodar, debe ser constante y al mismo tiempo dar momentos de respiro en los cuales la amenaza no desparezca del todo; pero, sobre todo, no debe ser predecible. El lugar donde se desarrolla la historia y los elementos que nos muestran la salida del mundo cotidiano deben ser sutiles, únicamente dejar pistas que se arman al final y nos adentran poco a poco en un mundo que, al final es más grande que los personajes que lo enfrentan.

Algunos autores llaman a esto la historia subterránea, una que se desarrolla al mismo tiempo que los hechos narrados y da coherencia al gran giro narrativo del clímax.

Los personajes:

Otro de los factores esenciales en una historia son aquellos que la viven. Se debe tratar de personas que nos importen, incluso con quienes nos podamos relacionar de algún modo para tener mayor empatía. Si los personajes nos tocan, entendemos su dolor y coincidimos con sus metas; entonces cada suceso por el que pasen nos va a causar una impresión, positiva o negativa. En cambio, si los protagonistas son piezas puestas ahí para sufrir sin razón alguna, entonces el verdadero miedo se derrumba pues no nos atañe nada de lo que les suceda, si mueren no importa, pues no conocíamos nada de ellos, entonces ni siquiera los vemos como personas.

La importancia de vernos identificados en los personajes de cualquier historia, sobre todo en el terror, es poder vernos a nosotros mismos en medio de lo que ocurre. La historia nos puede seguir en nuestro mundo de modos diversos ¿Cómo reaccionaríamos o actuaríamos en tales circunstancias? ¿Qué tan posible es que nos veamos envueltos en algo parecido? Incluso, en el terror psicológico surge la pregunta ¿Me ocurre en este momento?

El reflejo del mundo:

Como hemos visto en el punto anterior, el terror debe salir de la pantalla o de las páginas. Para esto es importante encontrar problemáticas de nuestro mundo, o ambientes en los que nos desenvolvemos cotidianamente.

Sobre las problemáticas podemos encontrar grandes obras como El Bebe de Rosemary que, en ambos formatos, novela y película, muestra como las mujeres viven su embarazo sin poder opinar sobre su propio cuerpo. Chuky también muestra el peligro de ignorar a los niños o de tomar todo lo que nos dicen como parte de sus fantasías.

En tanto a la cotidianeidad uno de los ejemplos más famosos es Cujo de Stephen King, en donde un perro se convierte en una amenaza por culpa de una enfermedad bastante común. O bien los primeros destinos de las tres entregas de Silent Hill en la trilogía principal: Una escuela, un edificio de apartamentos y un centro comercial.

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