Cuando el caos se siente como hogar: Blessthefall y Memphis May Fire en México

Por: Nelly Drew

Hay conciertos que simplemente se disfrutan y otros que te recuerdan por qué en algún momento, encontraste refugio en la música pesada.
El pasado 19 de agosto, el Circo Volador fue escenario de una de esas noches en las que todo se sintió más intenso: los gritos, los saltos, los empujones, la nostalgia y esa sensación de cantar una canción como si no existiera nada más alrededor.

La noche comenzó con Blessthefall, quienes tuvieron la responsabilidad de abrir el show y aunque todavía faltaba Memphis May Fire, bastaron pocos minutos para que el recinto entendiera que no habría espacio para quedarse quieto. Desde que la banda apareció en el escenario, la energía comenzó a sentirse en cada rincón del Circo Volador.

Con temas que recorrieron diferentes momentos de su carrera, Blessthefall logró conectar rápidamente con un público que claramente los había esperado durante mucho tiempo.
Los primeros mosh pits no tardaron en aparecer, entre brincos y personas coreando cada canción, el show comenzó a sentirse como una reunión entre viejos amigos que comparten la misma banda sonora.

Canciones como Hollow Bodies, You Wear a Crown But You’re No King, Wake the Dead y Hey Baby, Here’s That Song You Wanted fueron algunos de esos momentos en los que las voces del público parecían competir con la propia banda.
Había quienes las cantaban desde el frente, otros desde el fondo y algunos más que simplemente se dejaban llevar por el caos que se había formado frente al escenario.

Blessthefall dejó el escenario con el público completamente encendido y aunque ya se había vivido un concierto completo en cuestión de minutos, todavía faltaba una de las bandas más esperadas de la noche.

Cuando Memphis May Fire apareció, la respuesta fue inmediata.

La emoción que ya se sentía en el recinto volvió a subir. Matty Mullins tomó el escenario y desde ese momento, la conexión con el público fue constante.
Memphis May Fire no necesitó demasiado para demostrar por qué se han mantenido como una de las bandas más importantes de la escena del metalcore.

Entre canciones que despertaron la nostalgia y otras que mostraron la evolución de la banda, el público no dejó de cantar. The Sinner, Vices, Misery, The Other Side, Love Is War y The Fight Within fueron algunos de los momentos más intensos de la noche, con una audiencia que parecía saber exactamente qué hacer cuando comenzaba cada canción: cantar, gritar, saltar o abrir un nuevo mosh pit.

Uno de los aspectos más especiales del concierto fue precisamente eso: la forma en la que las canciones lograron unir a personas que probablemente no se conocían, pero que durante esas horas compartieron el mismo sentimiento. Por momentos, el Circo Volador parecía una sola voz. Por otros, era puro caos.

Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de este tipo de conciertos. No importa si llegas cansado, si tuviste un mal día o si llevas semanas esperando el momento; cuando las luces se apagan y comienza la primera canción, todo lo demás parece desaparecer.

Pero la noche no terminó únicamente con el cansancio de haberlo dejado todo frente al escenario. Ambas bandas aprovecharon el momento para dejarle claro al público mexicano el cariño que sienten por el país. Tanto Blessthefall como Memphis May Fire prometieron volver pronto, asegurando que les gusta estar en México y que cada visita se siente especial gracias a la forma en la que el público los recibe.

Y no es difícil entender por qué.
La respuesta de los asistentes durante toda la noche fue suficiente para demostrarles que aquí tienen un público dispuesto a cantar, gritar y entregarse por completo en cada presentación.

El 19 de agosto no fue una noche tranquila en el Circo Volador. Fue una noche de nostalgia, de canciones que han acompañado diferentes etapas y de dos bandas que lograron dejar claro que México sigue siendo un lugar especial para la música pesada.

Blessthefall abrió la puerta a una noche intensa y Memphis May Fire se encargó de cerrarla de la misma manera: con el público entregándolo todo.

Al final, entre el cansancio, el calor y las voces agotadas, quedó esa sensación que solo aparece después de un buen concierto: saber que por unas horas estuviste exactamente donde tenías que estar.

Porque hay noches que se viven una vez, pero se recuerdan mucho más tiempo.

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