Bacanal Insdustrial: Centhron en CDMX
Nos adentramos en los terrenos del Gato Calavera; aspiramos la atmósfera distópica. Seguidamente, las luces pantanosas de tonos azul y rojo envistieron nuestros ojos mientras un beat incesante guiaba a unas sombras que danzaban en medio del recinto. Los colores neón, pieles negras y vestiduras dignas del gusto de Pinhead poblaban poco a poco el lugar destinado a la bacanal industrial que Centhron ofreció la noche del 27 de abril.
Cada uno de los Djs tomó el podio como si fuesen sacerdotes del placer y dolor para exhortar a los asistentes a celebrar la lujuria y el regocijo. La respuesta fue una hoguera de carne sudorosa que se revolvía con fiereza y lascivia ante las notas sintéticas de las máquinas. Las horas pasaron; en consecuencia, los cuerpos bailaron incesantes y en espera de desatar la pasión más obscura en el momento idóneo.
La voluptuosidad escurría al ritmo bestial de un martillo riguroso; por lo tanto, las concubinas del pecado aparecieron en medio del recinto para despojarse de sus pudores en cuanto una legión de ojos inyectados de sangre mordía su carne y trazaba fantasías con el rugido de la maquinaria como atmósfera exacta.
Ante este preámbulo y al filo de la media noche, Centhron subió al escenario; notas como engranajes avanzaron certeras junto a una voz disonante que desnudó los pensamientos de la muchedumbre. Los gritos se manifestaron como un orgasmo preciso; asimismo, el sudor y otros elixires corrieron como caudales al mismo tiempo que sonrisas retorcidas se exhibieron.
El baile siguió como la necesidad de un coito lejano de impolutas cadenas y entregado a un momento suspendido en las fauces del deseo. Con este panorama, la agrupación se fue consumiendo en el calor de las húmedas quimeras del público; por consiguiente, poco a poco se despojaron de algunas prendas que los sofocaban. Por otro lado, la masa bailó como maniacos al borde del colapso o quizá en el preámbulo de una pequeña muerte.
En el púlpito, se firmó un contrato, en el cual los alemanes se alzaron como amos y la masa como los esclavos. Acordes de pasión y un bajo mortuorio se metieron en los cuerpos para que un amor putrefacto guiara los pasos de cada uno de los asistentes. El punto de retorno se perdió; lo único por delante era el pecado y como prueba de esto los alemanes ondearon su bandera con destellos de victoria. Además, Markko Barrientos de Circuito Cerrado se unió como invitado y como un dominador para que el público dejase libres sus fantasías de sumisión.
Los engranajes siguieron rodando en un delirio rojizo; además, el entorno se volvió tóxico, así que Centhron tomó sus máscaras para marcar un estado de emergencia, en el cual la única regla fue bailar hasta desfallecer. La madrugada se tornó una divertida pesadilla, en la que figuras decadentes dejaron salir sus más abyectas perversiones. Con estas visiones, los maestros del pecado dieron fin a su bacanal industrial que perdurará como una imagen de dolor y placer sobre los cuerpos marcados por el estigma de la lujuria.
Agradecemos todas las facilidades a Diagnosis MX y Klub Terminal México.
