La Ciudad de México cayó bajo el encanto de Tiamat

El domingo no fue un día cualquiera. Desde que abrí los ojos, tenía la sensación de que algo poderoso se acercaba, como si una vieja energía estuviera presente en el ambiente. Y no me equivoqué; esa noche, cientos de fanáticos nos reunimos en el Circo Volador para recibir nuevamente a los gigantes suecos del doom/gothic metal: Tiamat.

Desde que llegué, el ambiente era un torbellino de emoción. El lobby estaba a reventar, cada rincón vibraba con las voces y risas de quienes, igual que yo, esperábamos con ansias ver a Johan Edlund y compañía. No hubo banda de apertura, y esa ausencia, lejos de restar, aumentó la tensión eléctrica del lugar. Éramos nosotros, el escenario vacío y la inminencia de una noche que sabía que cargaría con recuerdos, nostalgia y momentos irrepetibles.

Cuando las luces se apagaron y las sombras dieron paso a la aparición de cada integrante de la banda, el Circo Volador explotó. Church of Tiamat fue la primera canción en envolvernos, y los gritos ensordecedores parecían querer derribar las paredes. Yo me quedé ahí, inmóvil por unos segundos, dejándome tragar por esa atmósfera sombría tan característica de la banda.

De pronto, Tiamat nos llevó directo al álbum Clouds. Ahí estaban In a Dream y The Sleeping Beauty, dos himnos que hicieron que mi corazón recordara por qué me enamoré de este género.

El saludo que conectó con el pasado

Entre canción y canción, Johan Edlund se acercó al micrófono y nos dio la bienvenida. Ese “Somos Tiamat desde Suecia” me atravesó de una forma inesperada. De inmediato regresé a mi adolescencia, cuando los veía por primera vez a través de la pantalla de mi televisor, soñando con estar algún día en uno de sus conciertos. Y ahí estaba yo, años después, escuchando esa misma voz pero en vivo, más cercana y más real que nunca.

La noche continuó con Divided, una pieza de su álbum Prey que nos envolvió en una nostalgia difícil de describir. No fui la única en perderme en ese mar emocional; pude sentir cómo todos a mi alrededor se dejaban llevar por esa melancolía exquisita que solo Tiamat sabe provocar.

Del Prey también disfrutamos Cain, Love in Chains y Wings of Heaven. Esta última me tocó fibras sensibles; sin poder evitarlo, recordando momentos personales que esa canción siempre trae de vuelta.

 

El eterno legado de Wildhoney

Un disco que marcó generaciones

Wildhoney no podía faltar. Ese álbum, quizá el más importante de su carrera, fue una revolución dentro del género y una influencia indiscutible para cientos de bandas. Y esa noche, Tiamat le rindió el homenaje que merece.

Wildhoney, The Ar, Whatever That Hurts, Visionaire y Do You Dream of Me?… una selección perfecta. Cada melodía era una caricia oscura, un recordatorio del impacto eterno que este disco ha tenido. Siempre he sentido que Tiamat le da un lugar sagrado a este álbum en sus conciertos, y esta vez no fue la excepción.

Una despedida cálida que aún resuena

Después de un breve receso, el final se acercaba. Vote for Love abrió los últimos momentos de la noche, seguida por 2 canciones más de Wildhoney con 25th Floor y Gaia, una elección perfecta para cerrar con fuerza, emoción y un toque de magia sombría.

Antes de despedirse, Johan Edlund se despidió con un “te quiero, México” que hizo que todos soltáramos un último grito de emoción. Con más de treinta años de historia, Tiamat logró regalarnos una velada que no solo fue un concierto, sino un reencuentro emocional con quienes fuimos, quienes somos y quienes seguimos siendo cuando su música nos envuelve.

Agradecemos a Horror en Pintura, UBK Entertainment y Cacique Entertainment por las facilidades que nos brindo para realizar nuestro cubrimiento.

Crónica y fotos por Isa Reyes (Reyisa)

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