CRÍTICA: DISCORDANCE AXIS – THE INALIENABLE DREAMLESS (2000)

Discordance Axis, un extinto grupo de grindcore originario de New Jersey fue uno de los pioneros en evolucionar el género. Continuando la fórmula de grabar discos con muchas canciones cortísimas de apenas un minuto, y con la particularidad de prescindir de los servicios de un bajista, fueron perfeccionando su método hasta llegar a su obra culmen, The Inalienable Dreamless.

A través de varios pasajes dentro de cada canción, Discordance Axis, mediante sus disonancias, cambios de ritmo y de voces, consigue transmitir algo diferente y fresco. Las letras, tarea del vocalista Jon Chang, están inspiradas en clásicos de ciencia ficción en muchas ocasiones.  Son atípicas, surrealistas y desprenden poesía pura.

La portada del disco, publicado originalmente en una carcasa dvd, evoca tranquilidad y paz. Contrasta con la agresión sónica que contiene, pero también advierte de que entre tanta brutalidad hay sitio para pasajes musicalmente emotivos, como en las canciones Radiant Arkham, The Necropolitan, o Angel Present, por ejemplo. El combo de guitarrista y batería, Rob Marton y Dave Witte, son los principales responsables de estas sensaciones atípicas dentro del grindcore.

Cada componente del grupo aporta lo mejor de sí. Chang va intercalando sus voces guturales con otras muy chillonas. Witte, el maestro de los blast beats a un sólo pie, consigue incluir sin que apenas lo notes pequeños redobles que suenan a veces a jazz, eso sí a velocidad hipersónica. Marton es la espina dorsal de Discordance Axis, de hecho cuando quiso retirarse intentaron seguir con Steve Procopio de Human Remains, pero duraron poco. El juego de texturas de guitarra y riffs que utiliza en toda la discografía del grupo parece de otro planeta, y más teniendo en cuenta que este disco tiene ya dieciséis años.

Lamentablemente, no disfrutaron de reconocimiento en su día, y prácticamente sólo hacían giras en Norte AméricaJapón, con asistencia de público muy limitada. Aun así, el tiempo les ha dejado en su lugar y son considerados un grupo de culto. Estuvieron activos hasta un año después de publicar este disco, en el 2001, cuando decidieron dejarlo en lo más alto al desarrollar Rob Marton una migraña crónica que no era nada compatible con este estilo de música.

Jon Chang formó Gridlink y los ya difuntos Hayaino Daisuki. El pluriempleado Dave Witte tocó posteriormente, a destacar, con Burnt By The Sun, en Melt Banana como músico de sesión en directo y actualmente con Municipal Waste entre otros grupos. Marton dejó del todo la escena musical, una auténtica pena, aunque dicen que sigue componiendo por gusto tranquilamente en casa.

Si tienes disponibles 23 minutos y 21 segundos, deberías atreverte con este álbum. Lo considero el mejor disco de la historia del grindcore. Ahí queda eso.

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