17 de enero de 2026
Me apresuré todo lo que pude para salir de casa y dirigirme al Estadio GNP Seguros con la intención de alcanzar a ver a Electrify, la joven banda mexicana de metal integrada por mujeres. Al cerrar la puerta revisé el reloj del celular: 4:20 p. m.
—¡Maldición, imposible! —me dije.
Llegué al estadio sin contratiempos y, ya en el lugar, decidí recorrer los puestos de venta para preguntar por la mercancía. Los precios oscilaban entre los 300 y 350 pesos: tazas, gorras, playeras y sudaderas predominaban, aunque también había llaveros, stickers y pósters. Terminé comprando una curiosa playera de manga larga de A7X
Con la playera puesta me dirigí a la puerta 1 para recoger mi acreditación, la cual me fue entregada de manera rápida y cordial. Era el segundo en la fila de espera para ingresar; debíamos aguardar a que se reuniera el resto del equipo de prensa para que el personal de OCESA nos diera acceso al evento.
Mientras esperábamos, ya se podía escuchar el potente sonido que emanaba del escenario. Mr. Bungle interpretaba I’m Not in Love (cover de 10cc) y la voz aguda e inconfundible de Mike Patton hacía eco bajo el cielo despejado, azul con pinceladas grises, de la CDMX
La espera se prolongó hasta Raping Your Mind, cuando ya éramos siete reporteros formados. Un joven tomó la palabra y nos escoltó a la carpa exclusiva para prensa dispuesta por OCESA. Durante la espera ya había entablado conversación con un fotógrafo-reportero que se hacía llamar Tool (saludos, si estás leyendo), quien, como yo, esperaba con ansias ver a Mr. Bungle en vivo.
En la carpa había comida y agua disponibles. Tomé un par de vasos de agua de jamaica mientras escuchaba las charlas de los compañeros, centradas en coberturas pasadas y cuestiones técnicas de cámaras fotográficas. En ese momento, un joven delgado, alto, con lentes y afro repartió los boletos a quienes estábamos ahí (alrededor de diez). En la sección se leía: GRAL-A.
A cada persona que leía esa parte del boleto se le dibujaba una sonrisa en su cara.
De pronto, una integrante del staff preguntó en voz alta:
—¿Quién ya quiere entrar al evento?
Tool y yo levantamos la mano al instante. También lo hizo una chica de pantalones de cuero, tatuada y de largo cabello negro, junto con un acompañante. Salimos de la carpa y, antes de escoltarnos, nos advirtieron que no podríamos regresar, ya que el boleto sería escaneado en ese momento. Nadie objetó.
Ingresamos por el acceso A, ubicado al costado derecho del escenario. Mr. Bungle interpretaba My Ass Is on Fire: la voz de Mike Patton sonaba imponente, los riffs de Scott Ian vibraban en el pecho de los asistentes, el bajo funky y jazzero de Trevor Dunn retumbaba en los oídos, y los redobles enérgicos de Dave Lombardo provocaban miradas constantes de sus propios compañeros.

Foto por: Toni François
Patton se dirigió al público en un excelente español:
—¿Cómo están, chilangos?
Y para la última canción gritó:
—¡Manos arriba todos, chingada mad…!

Foto por: Toni François
Entonces comenzó All by Myself, modificando el estribillo por un irreverente Go fuck yourself. Las manos del público, en lugar del clásico gesto metalero, levantaron el dedo medio a petición del propio Patton. Así, entre humor y energía desbordada, Mr. Bungle se despidió del público chilango, que respondió con una ovación.
Durante el preámbulo de Daron Malakian and Scars on Broadway, el estadio se encontraba aproximadamente al 75 % de su capacidad. La noche caía, el clima era casi perfecto y la expectativa se sentía en el ambiente. A las 6:38 p. m., Malakian y su banda salieron vestidos completamente de negro. Desde el inicio destacaron su voz, la guitarra y la batería; la segunda guitarra y el bajo fueron creciendo conforme avanzaba el set.

Foto por: Santiago Covarrubias, Alan Cortés y Óscar Villanueva
Para la cuarta canción, World Long Gone, el mosh pit se activó, incluso con la participación del ya conocido “Tío Charlie”, a quien se le había visto antes tomándose fotos con los asistentes. Malakian interactuó con el público, lanzando un mensaje antipolítico y crítico frente al belicismo y al fascismo del mundo contemporáneo. Su presentación dejó un muy buen sabor de boca.
Con ocho minutos de retraso, A Day to Remember apareció en el escenario y convirtió su set en una auténtica fiesta post-hardcore. Abrieron con The Downfall of Us All y cerraron con All Signs Point to Lauderdale, pasando por temas como Right Back at It Again, All My Friends y 2nd Sucks. El mosh pit se desató con entusiasmo; los fans coreaban mientras corrían y lanzaban golpes al aire. La banda sonó agresiva y melódica, con todos los instrumentos en su punto. Los guturales y los agudos de Jeremy McKinnon envolvieron al estadio en una algarabía festiva. Aunque la interacción verbal fue breve, expresaron su alegría por volver a México y su cariño por el público local. El cierre fue abrupto, dejando a algunos desconcertados, pero el balance general fue excelente.

Fotos por: Toni François
La noche sabatina avanzaba. Técnicos de audio e ingenieros se movían por el escenario y sus alrededores mientras el público bebía, fumaba, conversaba y revisaba el celular. Jóvenes y “chavorrucos” aguardaban el momento más esperado. La espera fue breve: unos 20 minutos antes de la salida de Avenged Sevenfold.
Entonces sonaron las notas del sintetizador de Kavinsky al fondo del escenario y la voz femenina del coro cantando:
There’s something inside you
It’s hard to explain…
Y sí, había algo dentro de todos: ganas de cantar, gritar, saltar, correr, grabar, llorar y dejarse llevar.
A las 9:20 p. m., A7X apareció en escena. Todo el estadio lleno los recibió con el celular en alto. La actuación fue espectacular, emotiva y memorable, acompañada de gráficos impresionantes y un trabajo visual donde los músicos se transformaban en figuras macabras: en siniestras mujeres, la muerte, el diablo. Los visuales cambiaban con cada canción —espacios siderales, casonas, cráneos apilados, planetas extraños— junto a un juego de luces magistral. La mayoría del público coreó las canciones, especialmente las mujeres, con gran determinación.

Afterlife, la tercera canción, generó una rendición total entre público y banda. Antes de interpretar So Far Away, M. Shadows recordó el amargo episodio vivido en 2009 en ese mismo recinto, cuando abrieron para Metallica:
“Salimos y todos nos dieron la espalda. A Zacky le lanzaron monedas y baterías. The Rev todavía estaba con nosotros”.

Foto por: OCESA
Añadió que la canción fue escrita para The Rev y que su espíritu los acompañaba esa noche. También confesó haber enviado un video a Lars Ulrich comentándole que ahora era su turno de conquistar el Estadio GNP Seguros. M. Shadows reiteró la importancia del público mexicano para la banda:
“Cuando empezamos, los primeros que nos apoyaron fueron los mexicanos. Tienen una cultura increíble, muy importante para nosotros”.
El terreno entonces estaba dispuesto para una interpretación inesperada del huapango Malagueña Salerosa (1947), de Elpidio Ramírez y Pedro Galindo, ejecutada de manera magistral por el grupo por primera vez. Synyster Gates asumió los agudos en la voz y ofreció una auténtica cátedra guitarrística durante todo el concierto: tapping, palanca, palm mutes, distorsión y reverb en un despliegue siniestro y virtuoso que abrió las puertas de nuestros oídos.

Foto por: OCESA
Desde el inicio hasta el final, el mosh pit se mantuvo activo en una parte del público, hasta cerrar con su mayor éxito: A Little Piece of Heaven.
Sin duda, para Avenged Sevenfold, después de lo ocurrido en 2009, esta presentación fue una memorable y dulce venganza frente a más de 55 mil asistentes en el Estadio GNP Seguros.

Foto por: OCESA
Agradecemos por las atenciones recibidas en todo momento por el equipo y la organización a cargo de OCESA.
