La lluvia convirtió a la Ciudad de México en un laberinto el pasado jueves 8 de octubre, pero ni el tráfico ni el caos de las calles fueron suficientes para apagar la emoción de una noche que prometía sacudirlo todo. Mi destino era el Circo Volador y la razón tenía nombre: Between the Buried and Me, una de esas bandas que consiguen llevar mi pasión por la música a otro nivel.
Between the Buried and Me: Un viaje fuera de lo común
Hay conciertos que son una experiencia que cuesta trabajo explicar al terminar. Para mí, ver a los originarios de Carolina del Norte significaba encontrarme con esa combinación de metal progresivo, death metal técnico y experimentación que desafía cualquier expectativa. No hay fórmulas sencillas en su música, y justamente ahí radica su magia: Cada cambio, cada atmósfera y cada explosión sonora te obliga a dejarte llevar.
Anima Tempo abrió el camino

La responsabilidad de encender la noche quedó en manos de Anima Tempo, agrupación mexicana que ha construido su identidad alrededor del metal progresivo y técnico. Con composiciones complejas, cambios de ritmo y una ejecución precisa, la banda demostró por qué se ha ganado un lugar entre los nombres más destacados de la escena nacional. Su presentación fue el preámbulo perfecto para una velada en la que la música no tendría límites.
Un recorrido por el universo de BTBAM
Cuando Between the Buried and Me apareció en el escenario, comenzó una travesía que difícilmente podía anticiparse. El arranque con “Mirador Uncoil” marcó el tono de una presentación que pronto nos llevaría hasta “Psychomanteum”, piezas de su álbum más reciente, The Blue Nowhere.
Y entonces volví a recordar por qué esta banda ocupa un lugar tan especial entre mis favoritas. Tommy Rogers ofreció una auténtica cátedra vocal, alternando registros limpios y guturales con una naturalidad impresionante. Cada matiz encontraba su lugar en una ejecución equilibrada, mientras el resto de la banda construía paisajes sonoros capaces de pasar de la calma a la intensidad en cuestión de segundos.

Uno de mis momentos favoritos llegó con “Selkies: The Endless Obsession”, de su álbum Alaska y hubo una frase que se quedó resonando en mi cabeza:
“Enjoy this life of wonder and imagination, for it will be torn down, you will be torn down”.
Más que escucharla, sentí la necesidad de detenerme un instante y absorber su significado.
Después llegó “The Future is Behind Us”, de su álbum Colors II, otro de mis momentos favoritos. Fue catártico, de esos instantes en los que la música deja de ser solamente sonido y se convierte en una emoción difícil de contener.
Una despedida que dejó huella

El repertorio nos permitió recorrer distintas etapas de su discografía. Cada pieza abrió una puerta diferente y confirmó la capacidad de Between the Buried and Me para transformar un concierto en una experiencia mental y emocional.
Al terminar, me costaba creer todo lo que acababa de escuchar. Los asistentes siguieron coreando sus canciones, como si nadie quisiera abandonar esa burbuja sonora que habíamos construido entre todos.
Salí del Circo Volador con el caos de la ciudad esperándome otra vez, pero también con una sonrisa imposible de ocultar. Porque hay bandas que simplemente me gustan y otras que me recuerdan por qué amo tanto la música.

Between the Buried and Me fue un sueño musical cumplido.
Y yo ya estoy esperando la próxima oportunidad para vivirlo de nuevo.
Agradecemos a Dilemma Conciertos y al Circo Volador por las facilidades que me dieron para realizar este reportaje.
Fotografías: Germán García. Dilemma Entertainment
