SWALLOW THE SUN en el FORO HDX Circus: Cuando la épica triste y el extremismo caótico se unieron

23 de agosto de 2026, 8:00 p. m.

La fila ya se había formado en la entrada del Hendrix Bar. Unos jóvenes que vendían playeras de Swallow the Sun ya habían agotado su mercancía y estaban por marcharse. La lluvia se atisbaba y, en pocos minutos, empezó a caer con una cadencia débil y sincopada, pero fría y punzante; un espectáculo curioso en un domingo oscuro y un poco fresco.

A las 8:00 p. m. en punto se dio acceso al público general al bar, nombrado en homenaje al fausto cósmico de Seattle, Jimi Hendrix, del cual tomaron su afro como su logotipo distintivo.

Voraz, banda de hard rock del sur de la CDMX, inició la velada. El audio en el Hendrix Bar sonaba sólido y poderoso; la guitarra Gibson Les Paul producía un sonido vibrante y viril. Los riffs de la misma marcaban los cambios y la dirección de cada canción. La parte rítmica (bajo/batería) funcionaba de manera ideal. La voz, aunque con algunas dificultades de alcance al principio, mejoró debido al esfuerzo y el talento del vocalista. Pero, como ya dije arriba, el poder y el vibrato de la guitarra se elevaban hasta lo alto, chocando con las paredes y regresando el sonido al público en forma de ondas que golpeaban desde la cabeza hasta el pecho de los asistentes. El vocalista, antes de terminar la presentación, saludó al público y agradeció al Hendrix Bar por la oportunidad de tocar. También dijo que su último sencillo ya suena en Reactor 105.7. Voraz ofrece un sonido electrizante con una energía a tope, y un hard rock compacto y afilado.

Cerebral Miasma, banda de deathgrind de Pachuca, Hgo. Si el público se mostró entusiasta con Voraz, aquí se rompió todo y se disfrutó de un caos extremo, rudo, crudo, veloz y horrorífico. Sucio. Los asquerosos pig squeals del vocal, el chillante uso del tremolo picking en los riffs veloces y distorsionados de la guitarra de 8 cuerdas, el seguimiento del bajo de 6 cuerdas con un sonido grávido y obeso, y la batería con una precisión tal en sus blast beats constantes con su doble pedal que traspasaba el latido del corazón, produjeron que el público armara un reducido mosh pit: reducido, pero no tibio, muy energético al ritmo voraz de Cerebral Miasma. El vocalista dijo que habían hecho un gran esfuerzo para poder llegar a la CDMX, en lo que catalogó como una «odisea», pero remarcó que la entrega del público había valido la pena toda la travesía. Cerebral Miasma es una banda potentamente sucia en su sonido y con una alta sofisticación técnica.

Evercloud, banda de deathdoom melódico de Guadalajara, Jalisco. Después de la energía desbordada dejada por Cerebral Miasma, Evercloud creó una vibra densa, pesada y oscura. Todos los integrantes vestían de negro a la usanza, un poco, de los góticos. La voz etérea y triste de la vocalista se combinó magistralmente con los gritos guturales del guitarrista/vocalista. La guitarra principal fue su punto más emotivo; de ella salieron capas de riffs con melodías pesadas y lentas, con una ejecución excelsa —el sonido casi perfecto del Hendrix Bar lo hacía aún más sentimental—. La batería, con sus tom-toms hirientes y graves y, a veces, los blast beats para marcar el clímax y cambiar transiciones, también tuvo una ejecución excelsa. Y el bajo, en apariencia silencioso pero con una grave profundidad, marcando los trazos de las capas de sonido de la atmósfera que la banda produce. Entre el final de una canción y el inicio de la otra, una voz del público gritaba: «Bandota». Evercloud le rindió homenaje a HIM covereando uno de sus temas clásicos, «The Funeral of Hearts» (del cual ya tienen un video oficial):

Aproximadamente a las 11:30 llegó el momento más esperado para los asistentes: Swallow the Sun. Bajaron del camerino al escenario; tres de ellos vestían una especie de hábito monástico: el vocalista, el bajista y el segundo guitarrista. Desde el inicio, el vocalista mantenía una mirada fija en un punto específico del escenario; su talante era serio y comprometido, como si estuviera preparándose para sacrificarse al dios Odín. Su voz era casi perfecta, capaz de elevarse al cielo o descender al infierno.

Simplemente, describir el sonido de Swallow the Sun como lo he hecho con las otras bandas a lo largo de esta reseña me parece aburrido y tedioso. Los finlandeses nos regalaron una presentación que rozaba casi la perfección, también gracias a la calidad del sonido del Hendrix Bar. En definitiva, el sonido era una inmersión profunda en la melancolía, la pérdida y la naturaleza gélida de Finlandia, ahora acompañada con la lluvia sincopada de la noche de la CDMX, pero sin perder la fuerza y la agresividad del metal extremo. No es solo triste; es devastador. ES UNA ÉPICA TRISTEZA.

El show acabó pasadas la medianoche, dejando a todos los asistentes satisfechos.

Agradecemos las facilidades brindadas por Enter Live y Cigarroa Medios para hacer la cobertura del evento.

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