Sábado de Gloria Putrefacta: Chaotian en CDMX

 

Sábado de Gloria Putrefacta: Chaotian en CDMX

El sábado 30 de marzo, la urbe tenía una estela de moralina que intoxicaba el ambiente y el olor era de una detestable solemnidad. Ante esta pintura, un buen veneno para librarse de esto fue el concierto que Chaotian dio en la Mezcalli y que fue organizado por Grindestroy.

La tarde expandió su abraso sobre las torres de concreto y las arterias de la ciudad, que transpiraban miles de historias que se perderían como sueños a la siguiente mañana; sin embargo, nuestra misión era ser testigos y mantener en papel la narración de un sábado de gloria, de gloria putrefacta, así que hicimos nuestro recorrido con dirección al centro de la ciudad.

Llegamos con antelación y esperamos pacientes mientras todo los congregados aguardaban su acceso. Los minutos avanzaron; entramos al templo donde un desfile de abominaciones extendería diferentes reprimendas. Los primeros discursos fueron proclamados por Carnal Epitah, quienes recibieron al pueblo con tenacidad y con una presencia irascible.

Los feligreses que iban tomando su lugar pudieron ver una aberración que escupía riffs trepidantes; además, sin temor o vacilación tomaron el podio para dar el primer sermón y proclamar que la depravación abría sus brazos para todos los pecadores de aquella noche. De esta manera, los primeros cirios de carne latente se encendieron.

Las manecillas danzaron temerosas ante las fauces de la noche que prometían una serie de horrores. Un poco después, el interludio se quebró ante la presencia de los veteranos, Hellnormorf, cuyo objetivo fue proclamar, desde el primer segundo, su palabra maldita como una yaga en piel. Con estruendo y el frenetismo de una horda hicieron retumbar el templo. Guitarras como cierras, una batería veloz y un bajo pantanoso se fusionaron en una masa grotesca para cobijar la voz de un sacerdote consagrado a la podredumbre. La banda dejó en claro que la piedad no estaba presente en aquel día.

Seguidamente, el templo se comenzó a cubrir con un hedor a muerte; tumbas se levantaron para abrir paso a una sacrílega resurrección. Como profetas de la peste Undertomb se plantó en el escenario con una pericia mortal para dejar caer un sonido lleno de insania y disparado a bocajarro. Por otro lado, acordes de lobreguez se revolvieron sobre la metralla de riffs mientras versículos de tierra eran pronunciados para ser aspirados hasta las entrañas. La agrupación se exhibió bien sincronizada en cada nota y la breve falla técnica fue peccata minuta.  Su cierre fue una prédica dictada desde lo más profunda de una olvidada tumba para que las criaturas del abismo tuviesen su resurrección y se uniesen a la fétida comunión.

El azufre estaba en su punto y la cerveza se revolvía en las gargantas como el concupiscente pecado; por consiguiente, del abismo una bestia se precipitó para ofrendar un sermón denso y con halo pantanoso. Asimismo, pasajes trazados como catacumbas se extendieron por todo el santuario de monstruosidades. Con este terreno, Pyphomgertum esculpió su doctrina de visceralidad para que la masa entregara sus cuerpos a la hecatombe que casi llegaba a su punto máximo.

El momento cumbre de la noche explotó cuando tres figuras subieron al escenario para forjar un evangelio de saponificación ante sus fieles discípulos. Efigies de dolor y salvajismo fueron construidas por Chaotian que se alzó como un tirano. Por un lado, un bajo aplastante y una batería de ecos dementes; por el otro, una guitarra que supuraba violencia junto a una voz que se extendía como gangrena sobre los cuerpos del público.

La masa rugía ante el sermón purulento de los oriundos de Dinamarca. Seguidamente, un grabado de sombras y sangre fue puesto ante el altar, donde versículos fueron vomitados con odio y bilis. Sumado a esto, Chaotian dio una cátedra de técnica precisa y al mismo tiempo demostró una bestialidad irrefrenable.

La atmósfera era un caos, en el cual una incesante homilía de blast beats permanecía como un martilleo; en adición, riffs infecciosos convocaron la figura de un dios descarnado y hediondo que se metía en los pensamientos de la masa, que respondía frenética ante los mesías del caos. Asimismo, cisuras como las de un cirujano experto fueron hechas en cada nota para que la congregación sacrificase su carne y así culminar de manera ciclópea el sábado de gloria putrefacta.

Agradecemos a Grindestroy por las atenciones y por dejarnos ser narradores de esta historia.

 

 

 

 

More from Jonatan A. González
Lucas Lanthier en CDMX
  Lucas Lanthier es uno de los músicos más representativos de la...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *