La amenaza de lo familiarmente desconocido: reseña del cuento “El Huésped” de Amparo Dávila

Lamentablemente, el sábado 18 de abril del 2020 murió Amparo Dávila, una de las voces literarias más importantes de México. La escritora nació el 21 de febrero en Pinos, Zacatecas. Desde muy pequeña se inició en la lectura, ya que pasaba la mayor parte de su tiempo en la biblioteca de su padre. En 1950 publicó Salmos bajo la luna, su primer libro, y en 1954 Perfil de las soledades y Meditaciones a la orilla del sueño, obras poéticas. En ese año se muda a la Ciudad de México para realizar sus estudios universitarios. Ya en la capital, trabajó como secretaria de Alfonso Reyes, quien la motivó a escribir.

            En 1959, publicó su primer libro de cuentos, Tiempo destrozado, y en 1964 Música concreta. En 1977 vio la luz Árboles petrificados, una de sus obras más emblemáticas. Libro por el cual ganó el premio Xavier Villaurrutia. Dávila vivió dedicada a la escritura. En 1985 termina de escribir Muerte en el Bosque. La autora recibió varios homenajes en vida. En 2020, le otorgaron el premio Jorge Ibargüengoitia por su destacada trayectoria como cuentista.

            La escritura de Dávila está atravesada por el miedo, la locura y la muerte. Su estilo es una voz tenue e íntima que lleva su lector por una realidad alterada. Sus personajes, en la mayoría de los casos, son acechados por diferentes peligros que atentan contra su sanidad mental.

            En esta ocasión, hablaré del cuento “El Huésped”. Historia que apareció por primera vez en Tiempo destrozado, en 1959. Publicado por el Fondo de Cultura Económico.

            El cuento narra la historia de una mujer que vive en un lejano pueblo, con su esposo, sus hijos, su sirvienta y el hijo de ésta. Un día el cónyuge de la protagonista le dice que un nuevo inquilino vivirá con ellos. Ella como esposa abnegada acepta la orden de su marido, pero esta situación la llevará a la constante persecución de un ente misterioso y al borde de la locura.

El cuento es una gran edificación, en la cual tenemos claramente definidas a las dos fuerzas y el conflicto.  El desarrollo es impecable; sumerge al lector en una atmósfera anómala y desconcertante, en la que se percibe el miedo y desesperación de los personajes. El clímax es muy bien encaminado hacia la desesperación para así concluir con una resolución angustiante. El estilo de Dávila es introspectivo; con un tono íntimo que hace que el lector sienta la misma opresión y sentimiento de confusión que tienen los personajes. El lector es envuelto en una mortaja de cual no puede desenredarse; se siente asediado por el ataque de lo desconocido.

El tratamiento de los temas como: la paranoia, la barbarie y el tabú, crean una gran historia de terror en la cual la presencia ignota desconcierta y asquea al lector. El huésped que deambula por aquella casa es un ente corrupto que busca infectar y vulnerar. Lo ominoso repta en cada página; empuja a los personajes a un constante deliro de persecución. La corrupción del entorno es la polución que va manchado la psique de la protagonista.

El huésped es construido como un ser que busca agredir a aquellos a quienes percibe más frágiles y débiles. Por medio del temor, rastrea a sus víctimas en los momentos más vulnerables. Disfruta la cacería y que sus atacados no puedan recurrir a nadie. Dávila, con una pluma majestuosa y lóbrega, plasma una excelente atmósfera donde lo desconocido no está tan distante de lo familiar. La amenaza del ente, aparentemente, misterioso lleva a sus personajes a una situación límite, en la que tendrán que arriesgar todo para no ser destruidos, ora físicamente, ora mentalmente.

La diégesis construida por la autora es un sólido edificio donde la desolación y el desasosiego son los ladrillos que sostienen al cuento. La intranquilidad es una constante que golpea tanto a los personajes como al lector. Los empuja a cuestionarse la identidad de aquel huésped que ha llegado para no irse jamás.

En esta historia la autora hace una reflexión sobre aquellos peligros que nos acechan bajo diferentes apariencias. Lo amenazante y lo que busca dañarnos, en muchas ocasiones, viene de lugares o personas que conocemos bien. Dávila expone como diferentes detonadores llevan a las personas a laberintos de desesperación, de los cuales se piensa que no hay salida. Ante estos escenarios los individuos se ven obligados enfrentar el tabú, es decir, los prejuicios de la sociedad para así desenmascarar lo más podrido y contaminado de los seres y entornos que nos rodean.

Sin duda, un magistral cuento que cumple el propósito de cuestionarnos sobre las apariencias y lo que creemos conocer o desconocer. Es una reflexión acerca el miedo y de las decisiones que debemos tomar para enfrentarnos con las sombras que nos envuelven.

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